BERLANGA, FILMOGRAFÍA DE UN GENIO DEL CINE

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En los rodajes del oficialista José Luis Sáenz de Heredia reinaba siempre un silencio sepulcral, era tal el respeto que imponía este realizador que nadie se atrevía a decir una palabra más alta que otra, berlanga, sin embargo, le explicaba a su equipo en las charlas que su cine era comunicación y que deseaba que quedara plasmada en la pantalla una mentalidad muy mediterránea para ello les rogaba que hicieran el máximo ruido posible.

Luis García Berlanga nació en Valencia el año 1921 en el seno de una familia acomodada, su abuelo, de hecho, había ejercido el cargo de gobernador civil y su padre fue un destacado diputado del frente popular; la guerra trastocó por completo la vida del pueblo español, la familia del director no podía ser menos y su padre fue detenido por sus actividades políticas.
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Esto forzó al joven Berlanga a enrolarse voluntario en la división azul con el fin de conseguir prebendas que aliviaran un tanto la situación de su padre, tras el regreso de su aventura bélica comenzó a escribir en el diario “Las provincias” y de allí dio el salto a Madrid para comenzar a estudiar en la escuela de cine, algo que combinaba con su trabajo como actor en el teatro del instituto de cultura italiano donde coincidió con Fernando Fernán Gómez.

Poco después de graduarse decidió junto a ”, libreto influenciado, a partes iguales, por la película “Surcos” de Nieves Conde y el neorrealismo italiano, esto último pasado bajo el tamiz de la idiosincrasia española.
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Ya preparados para trasladar la historia a la gran pantalla se encontraron con la agradable sorpresa de que los productores habían decidido contratar a Fernán Gómez, muy en boga en aquel momento gracias al bombazo de taquilla que supuso “ (1951) (Nieves Conde).

Hay una anécdota muy divertida que ha quedado para la historia del cine español: los dos bisoños directores estaban muy impresionados por el prestigio y el carisma del actor y estaban preocupados, sobre todo, por no desairarle por nada del mundo, Fernán Gómez, a su vez, también quería demostrar respeto hacia los inexpertos realizadores (ciertamente de forma algo condescendiente)
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Cuando Gómez llego al set vio un pechero con ropa colgada que el pensó que estaba reservada para su papel, eran prendas humildes y se las llevó al vestuario, allí se puso el buzo, una chaqueta vieja, una bufanda y una boina, años más tarde Fernán Gómez comentaba que lo que más le extrañó fue lo de la boina porque la veía un tanto ridícula.

Y de este modo se presentó Fernán Gómez ante Bardem y Berlanga que se quedaron boquiabiertos ante la predisposición del actor que se traía su propia utilería de casa y, aunque también les parecía un atuendo estrafalario se callaron la boca y se dispusieron a rodar, ya al caer la tarde el encargado de iluminación se dirigió hacia Berlanga haciendo aparatosos aspavientos para advertirle de que había un ladrón en el estudio, porque a dos de los técnicos de sonido les había desaparecido su ropa.

Adivinad quién tenía puesta la ropa de los técnicos.
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Berlanga, que era un cachondo, no pudo contener la risa y se cuenta que las carcajadas se oyeron a cientos de metros.

La historia de “Esa pareja feliz” gira en torno a un matrimonio joven que vive en un en un entorno sórdido de pobreza, el trabaja de técnico cinematográfico y ella es costurera; Juan, que así es como se llama el protagonista ha soñado toda su vida con ser un famoso inventor pero tras perder su trabajo se tiene que enfrentar a una triste realidad que se verá interrumpida gratamente gracias a un premio publicitario.
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Esa pareja feliz” no tenía un hilo argumental claro y la censura impuso un final de corte optimista más acorde con los principios del régimen pero, a pesar de todo, se convirtió en un gran éxito porque destilaba por todos sus poros una esencia de buen cine social y sobre todo una tristeza amarga que reflejaba con total nitidez aquella penosa década de los años cincuenta en un país que no dejaba mucho espacio ni para la esperanza ni para la felicidad.

Antes del rodaje Berlanga y Bardem habían llegado a un acuerdo tácito en el que delimitaban claramente las funciones de cada uno, Bardem se encargaría del trabajo con los actores y el valenciano del aspecto técnico del film, es curioso que con el paso de los años Bardem se hizo más preciso y academicista y Berlanga se desentendió por completo de la técnica.

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“Esa pareja feliz” no se pudo estrenar comercialmente (se habían vendido los derechos a Norteamérica) hasta dos años después y todo ello gracias al monumental éxito, artístico y de taquilla, de “”.

El millonario Joaquín Reig deseaba un vehículo de lucimiento para su amada Lolita Sevilla, una gran cantante y actriz de la época, la idea era realizar un film de corte folklórico con seis o siete canciones y a mayor gloria de la actriz; la carambola quiso que el proyecto llegara a manos de Bardem y de Berlanga a los que se unió sorpresivamente el genial Miguel Mihura que hizo maravillas con los diálogos.

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Nunca sabremos si Berlanga y Bardem decidieron tirarse al rio para probar si colaba su alocada propuesta, pero está claro que la suerte se alió con ellos porque los productores no solo aceptaron un cambio de género (en apariencia cómico e inofensivo) sino que también le daban paso libre a una película que no tenía un protagonista definido y en que la Sevilla solo sería un personaje más.

Tras convencer a los productores de que el film ganaba en mordiente si se rodaba en un pueblo madrileño que adopta apariencia andaluza a medida que avanza la trama, comenzaron a surgir problemas de todo tipo, sobre todo económicos porque Berlanga ya había aprendido bien a torear a la censura y este otro tema le preocupaba bien poco.
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A esto se le sumó la deserción de Bardem por motivos que jamás quedaron claros, por lo que Berlanga se quedó solo frente al peligro pero, lejos de amedrentarle, este hecho propició que la película ganara en socarronería y se liberara un tanto del lastre que suponía la carga de adoctrinamiento moral que caracterizaba el cine del gran Juan Antonio Bardem.

No hago alusión al argumento porque es sobradamente conocido pero ¿sabéis lo que decía Berlanga al final de cada toma? ¡Vaya cagada!, el sabio director no era consciente aun de que estaba rodando una de las películas más importantes de la historia del cine.
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Tras su estreno el éxito fue inmediato, no solo en España sino también en el circuito internacional, de hecho fue extraordinariamente bien recibido en Cannes donde se hizo con el premio de la crítica siendo, además una seria candidata para la Palma de oro, pero quiso la casualidad que el presidente del jurado fuera el norteamericano Edward G. Robinson que hizo valer su derecho al veto e incluso llegó a presentar quejas a nivel diplomático porque consideraba que el valenciano estaba insultando a su país.

Por si esto no fuera bastante, se había decidido promocionar el film con la emisión de unos billetes falsos de dólar con la cara del gran actor Pepe Isbert, la mala suerte quiso que la Sexta Flota acabara de recalar en la costa azul en un viaje de cortesía, el escándalo fue monumental y Berlanga acabó el día declarando en comisaría.
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Aunque lo más divertido sucedió cuando la llegada del nuevo embajador de los Estados Unidos en España coincidió con el estreno del film en Madrid, la Gran vía estaba completamente engalanada con pancartas que hacían alusión a la película y el bueno del norteamericano creyó que eran en su honor por lo que se puso a saludar a los viandantes, huelga decir que el cachondeo esta vez fue estratosférico.

Desgraciadamente y, y a pesar de que el gran ”, que además de ser una de las grandes obras maestras de Berlanga supuso un antes y un después en la carrera del autor.
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Berlanga por aquellos días se sentía frustrado, su ansiado proyecto sobre la Guerra civilTierra de nadie” se encontró con la negativa en rotundo de un régimen que comenzaba a intentar eludir cualquier alusión al conflicto en aras de una mejora de su imagen internacional, ya en 1985 retomó el proyecto y vio la luz “La vaquilla”, una gran película, pero realmente fue una pena perdernos las jugarretas que se le habrían ocurrido a Berlanga en aquel lejano año 1956.

Calabuch” fue un film un tanto criticado por cierto sector progresista de la época que acusó a Berlanga de una falta de compromiso, nada más lejos de la realidad, porque a día de hoy se considera a esta cinta como el primer intento serio de llevar al cine principios ecologistas.
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De lo que sí que no cabe duda es de que si “Bienvenido míster Marshall” mostraba un lado feísta de España, “Calabuch” plasmaba otra cara, la de la esencia entrañable de una España que ya no existe.

Como en todos los films de Berlanga la escusa argumental es más bien simplista: a un pequeño pueblo pesquero del mediterráneo llega un famoso científico nuclear, con problemas de conciencia debido a las consecuencias de su trabajo, que ha decidido refugiarse en algún lugar perdido, al llegar a la población descubre que los lugareños le han confundido con un vagabundo, aunque éstos, poco a poco, le invitan a integrarse como un vecino más, los problemas comienzan cuando el físico decide participar en el concurso de cohetes organizado en ocasión de las fiestas del pueblo.
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Hay mucho en “Calabuch” de crítica social hacia un país que no acaba de despegar y que está anclado en la atonía intelectual e industrial y a la vez una clara alusión a los temores de la guerra fría que, por aquel entonces, estaba en su momento más críticos.

En este film, como en todos los de Berlanga, hay momentos divertidísimos, como la escena en la que el farero confunde la flota norteamericana con unos invasores del Imperio Austrohúngaro (palabra fetiche en la filmografía de berlanga, nacida de una superstición) y por ello todo el pueblo se viste con el atuendo de soldado romano para hacer frente a los invasores.
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La película, que contiene también dardos envenenados con EEUU (más suaves que los de “Bienvenido míster Marshall”) fue acusada, a su vez, de espaldarazo al régimen debido a una de las escenas en las que el protagonista Edmund Gwen afirma que ha llegado al paraíso, lógicamente algo tan peregrino no consiguió empañar el resultado final de la cinta, de hecho las críticas internacionales fueron unánimente elogiosas y se alzó incluso con el gran premio del festival de Venecia en 1956.

Ya sabéis que nunca cuento finales pero, el de “Los jueves milagro” es el proverbial ejemplo de cómo una censura ciega y carente de inteligencia se puede cargar, con una sola escena, el mensaje total de un film, a pesar de todo es “milagroso” que el valenciano se las arreglara para colar a los curas una película en la que todo un pueblo se inventa una visita de la Virgen María para intentar mejorar su situación económica.
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Dicen que el bueno de Berlanga (en un alarde propio de su carácter socarrón) le suplicó al censor que codirigiera la película con él, porque se había quedado impresionado por su trabajo, y el bueno del sacerdote (por ingenuidad, supongo) le contestó que tendría que consultar a sus superiores.

Por fin llegamos a 1961, año en el que se inicia la mítica colaboración de Berlanga con el guionista Rafael Azcona, hecho que consolidó definitivamente el humor negro inmisericorde como eje central del resto de la filmografía del realizador.
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Y con Azcona llegó también “”, título grande entre los grandes del cine español que nació de una paternalista campaña gubernamental de la época en la que se conminaba a los más pudientes a invitar a sus mesas a algún indigente en navidad.

Es evidente que este material era oro en manos de este ocurrente dúo porque, aunque la diseñaron a modo de sainete, despelleja toda la pirámide social dejando al descubierto todas las miserias de la hipocresía.
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Plácido” es el film donde se consolida definitivamente el gusto de Berlanga por “planos secuencia muy largos, muy hablados y con muchos actores” (como solía decir Fernando Fernán Gómez sobre el director), dejando bien claro, eso sí, que, por mucho alboroto que refleje la pantalla, siempre tendremos bien claro el centro focal de la acción.

Hubo un curioso consenso en las criticas al film, tanto por la derecha como por la izquierda, y era el de que la mirada de Berlanga hacia la pobreza era demasiado cruel, casi calvinista en su concepción, el se justificaba diciendo que admiraba a los individuos que luchaban por mejorar sus propias vidas, pero no tenia piedad con los que se rendían ante las circunstancias, culpando de todo a la mala suerte.
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Por lo visto esta vez Berlanga se sorprendió del extraordinario éxito de su propio film, dado que era consciente de que en esta ocasión ni había dejado títere con cabeza, ni ofrecía la más mínima esperanza de redención a sus personajes.

Plácido” fue la candidata oficial al Oscar a la mejor película extranjera, pero desgraciadamente se vio superada por la obra de otro gran genio del cine: ”.
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Por fin llegamos a 1964 año en el que se rodó “” considerada (con claro consenso entre los críticos) como una de las 100 mejores películas de todos los tiempos.

Berlanga acababa de rodar un capitulo (“La muerte y el leñador”) del film coral “Las cuatro verdades” (Berlanga, Alessandro Blasseti, Herbé Bromberger y René Clair) y hacía tiempo que le rondaba por la cabeza la impresión que le produjo el relato de un amigo, que se vio obligado a presenciar una ejecución en el garrote vil dado que era abogado, éste le había comentado que una noche antes había pasado la noche recorriendo un imaginario pasillo blanco por el que tenía que seguir al condenado a muerte.
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De este relato partió la historia de “El verdugo”, tanto Berlanga como Azcona tuvieron que afilar más que nunca el doble sentido, porque eran consciente de que esta vez iban a ir en serio a por ellos (es un hecho irrefutable que, en vista del éxito internacional de Berlanga, el régimen había extendido un tanto la mano a la hora de dar el visto bueno a sus obras, pero la pena de muerte era otro cantar)

Berlanga encriptó hasta medidas manométricas el mensaje crítico y político pero exacerbó más que nunca un modelo de humor tan negro como ácido y desesperado, por ello los acostumbrados esquinazos que Berlanga le había dado hasta el momento a la censura se quedaron pequeños ante la bomba de relojería que llevaba implícita este durísimo alegato contra la pena de muerte, al que incluso Berlanga daba carta de universalidad en un inteligentísimo inserto final.
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Jamás he visto en el cine algo más patético que el hecho de ver como una familia aprovechaba para tomarse unas vacaciones en la playa debido a que el padre de familia tenía que ajusticiar un preso en Mallorca, paralelamente estos personajes me transmiten una honda tristeza y una sensación de vacío absoluto que, por demás, eran consignas habituales del cine del autor aunque, jamás habían estado tan a la vista.

El concepto de comedia de “El verdugo” es más bien artificioso, ningún director hubiera tenido el aplomo que demostró Berlanga extrayendo de un tema tan duro sonrisas de doble filo porque, cuando se analizan, producen escrúpulos de conciencia ya que pasamos un buen rato con un destino trágico y con un desenlace de la trama del que sabemos desde un principio que es inevitable.
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La poca crítica social que no está solapada es porque no se puede negar lo evidente, “El verdugo” se ve obligado a hacer lo que hace por dinero, él es consciente de que su trabajo es terrible y de hecho siempre confía en un indulto que nunca acaba de llegar, pero al que se aferra con la esperanza de seguir sobreviviendo.

Dos films de Berlanga, que salta a la vista que es un director de comedia, contienen, paradójicamente, dos de los finales más duros e impactantes de la historia del cine español, uno corresponde al de “El verdugo” y el otro a “La vaquilla”, un film en el que, literalmente, te partes las costillas de risa, aunque en su escena final te congela el alma.
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Aunque el film recibió el gran premio de la crítica en Venecia fue muy mal recibido en cierto sector del régimen que emprendió una campaña contra el director y la película que incluía manifestaciones a la salida de los cines, Este hecho mantuvo en el ostracismo a Berlanga durante cuatro largos años.

Se cuenta que, tras una proyección en Madrid, los encargados de la sala recomendaron al equipo de la película salir por otra puerta más discreta, todos lo hicieron inmediatamente, pero dicen que Berlanga y Emma Penella se miraron fijamente, se dieron el brazo y salieron por la entrada principal del cine al tiempo que, uno de los dos, decía que a un español no se le manda escapar por la puerta de atrás, los manifestantes admirados por el gesto de la pareja rompieron en aplausos.

Hemos dado un importante repaso a los films que han convertido en inmortal la filmografía de este director valenciano, a partir de ahora mis resúmenes serán más breves dado que quizá me he extendido en exceso.
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Tras “El verdugoBerlanga estrenó “Vivan los novios”, una joya del cine de forzosa revisitación, y “Tamaño natural”, película que el autor consideraba como su favorita, apenado en parte porque jamás se entendió el mensaje del film que fue claramente perjudicado por una equivocada campaña de promoción que lo vendía como un film de corte erótico, error que desvirtuó por completo la esencia del film.

Es una pena que no pueda imaginarme lo que hubiera hecho Berlanga de su trilogía nacional en casode haber rodado estos films en los 50 o en los 60 porque, hay que reconocerlo, la censura era un aliciente, casi un reto para la poderosa imaginación de este director.
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Tanto “” como “” y “” dan la impresión de que Berlanga había situado la cámara en un punto estratégico el primer día de rodaje, recogiéndola dos meses después con un desbarajuste genial impregnado en la bobina de celuloide.

Sus últimos films ya son definitivamente corales, en ellos Berlanga se permite el lujo de permitir que la improvisación sea una constante, es obvio que ha llegado a este punto gracias a su destreza en el manejo de los actores y a la gran confianza que ha depositado en la mayoría de ellos tras muchos años de colaboración.
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Esto se aprecia ya desde el primer fotograma de “” una película desternillante que incluye un juego de equívocos que nos retrotrae al mejor Billy Wilder sin retroceder ni un milímetro de lo esquizofrénicamente español ni olvidarnos tampoco de que, a estas alturas, la cámara para Berlanga es únicamente un intermediario entre la acción y su universo personal.

Tanto “” se vieron un tanto lastradas por estar plagadas de alusiones a la situación política de la época en que fueron realizadas, pero a pesar de ello el tono autoparódico de todos los personajes de las dos tramas dan como resultado un par de films extraordinariamente divertidos.
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” rodada en 1999 supone la despedida del cine para este gran maestro que acaba de morir, Berlanga nos ha dejado huérfanos y se ha llevado con él toda una época del cine español que ya es irrecuperable, el cine en aquellos días era otra cosa, algo que se parecía más a los sueños que en lo que se ha convertido ahora.

Berlanga nos mirará desde el cielo con ternura, por eso os pido una oración por él, su sentido del humor, su magnetismo, su gracia mediterránea, todo ello no puede esconder más que a un hombre bueno, recuerdo una entrevista en la que él contaba que el al principio no le podía hacer buenos regalos a su esposa, a la que adoraba, pero con los años tuvo la oportunidad de hacerle mejores obsequios porque ella se los merecía, aunque él se quejaba, en bromas, de que cuando los hijos se hicieron mayores le hacían a la madre mejores regalos que él y con sonrisa socarrona afirmaba que le daba mucha rabia, para al instante añadir que estaba orgulloso de ellos.
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En otra ocasión Berlanga tenía que hacer un largo viaje en avión, supongo que ese día tenía prisa y se olvidó el palillo de dientes que siempre llevaba en el bolsillo para tocar madera mientras el avión estaba en el aire, cuando el director se dio cuenta de que no tenía nada de madera a mano decidió improvisar una solución de emergencia y pronto vio el bastón de uno de los pasajeros del avión, ni corto ni perezoso se hizo con el preciado amuleto pero no contaba con la resistencia del anciano que, al ver que cogían su bastón, emprendió una lucha con Berlanga, cuentan los espectadores del suceso que el divertido incidente duró 10 minutos.

Ese era Berlanga, el mismo que ahora nos observa, entre divertido y cariñoso, desde el cielo.
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Todos intuimos que el paraíso es un lugar más bien tranquilo, Dios suele darse largos paseos para acercarse a los plácidos rodajes de Sainz de Heredia, pero ya se ha enterado de que Rafael Azcona le está dando vueltas a un guion ambientado en el portal de belén y está esperando con los brazos abiertos a Berlanga para que dirija el film.

Por su parte Bardem está empeñado en que en alguna escena importante San José exhiba su recién estrenado carnet de PCE (le acaba de convencer) y Buñuel se ha empecinado también en que el rodaje se traslade un poco más al sur, peligrosamente cerca de las puertas del infierno porque le parece divertido y además hay Martini de contrabando.
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Por todo ello Berlanga llegará como agua de mayo pues le necesitan para que Dios no se percate de esos “pequeños giros de guion”, también le espera el censor que quiso contratar para pedirle explicaciones por la bronca que le echó el obispo cuando se dio cuenta de que le habían tomado el pelo.

Sea como sea Dios, que no comprende porque han pedido doscientas toneladas de arroz para el catering del rodaje, ha sido previsor y se ha comprado un buen juego de tapones para los oídos porque le han llegado noticias de que los rodajes de don Luis suelen ser moviditos.

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Además se van a cumplir el deseos del director valenciano y por fin su hijo Carlos (el mismo que le hacía rabiar porque le obsequiaba a su madre con mejores regalos que los suyos) se hará cargo de la banda sonora de la película.

Bendito seas Berlanga pero ¿qué haremos ahora sin ti?, el mundo será menos divertido.Enlaces Relacionados: Foco De Cine

Via: COMO NIEBLA ENTRE MONTAÑAS: BERLANGA, FILMOGRAFÍA DE UN GENIO DEL CINE

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