LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN

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1.- SINOPSIS

Un chico mutilado, su hermana y un niño pequeño, llegan a una colonia de refugiados kurdos, en la frontera entre Irán y Turquía. Sus habitantes sobreviven recogiendo las minas antipersonas que siembran el lugar y viven pendientes del inicio de la guerra entre Iraq y Estados Unidos.

2.- COMENTARIOS

Tercer largometraje de Bahman Ghobadi. La película es más bien un documental ficcionado, en el que se refleja la lucha diaria por la vida del pueblo kurdo asentado en Irán. Los protagonistas son la población infantil y juvenil, que son los más afectados por los desastres de la guerra: han pedido su infancia y tienen que luchar por la vida como si fueran adultos.

El propio Bahman afirma que los niños de esa región nacen ya con veinte años. En “Las tortugas también vuelan” se muestra el sufrimiento de un pueblo, que vive en una situación de miseria absoluta, a consecuencia tanto de sus dictatoriales gobernantes, como de la interesada intervención internacional. Se muestran las nefastas consecuencias que la guerra tiene para los pueblos. Los protagonistas de la película son niños refugiados kurdos en realidad y algunos de ellos son incluso mutilados de guerra. El chico que llega con su hermana no tiene brazos, el hijo de esta última tiene graves problemas visuales y a uno de los habitantes del poblado le falta una pierna. El director comentó que, tras el rodaje, se interesó por mejorar la salud de todos ellos. Ha conseguido que sean operados, con lo que han mejorado ostensiblemente su situación vital.

Esta película hace reflexionar al espectador sobre las injusticias que la guerra comete con las personas inocentes. Muestra la miseria absoluta que domina esa zona de la tierra y se muestra pesimista sobre el futuro, pues no parece encontrar ninguna solución posible al problema.

Bahman Ghobadi suele mostrar en sus filmaciones, lugares y personas que sufren, para así tratar de mejorar su situación al denunciarla, o por lo menos enseñarla al mundo.

Hay veces que el cine documental, el realizado en países que podríamos denominar exóticos sino fuese por el cruel eufemismo que generaríamos debido a la complicada situación que viven, hay veces, decía, que ese cine se engrandece, emerge en mayúsculas y enamora a los que contemplamos la gran pantalla siempre escudriñando detalles que nos hagan deleitarnos en algún insospechado detalle: el sonido del agua de un estanque, un personaje que huye por un páramo en una puesta de sol, un plano de unos ojos que lo dicen todo sin emitir un solo sonido… La belleza aparece sin avisar en algunas de estas películas y lo suele hacer en contraste con unas historias que a veces parecen despiadadas y que apuntan a la línea de flotación de nuestra conciencia occidental de solidaridad, cristianismo militante o de ONG. Las Tortugas También Vuelan provocan todas esas sensaciones siempre mezclando ese aroma exótico con el agrio hedor de la miseria humana encarnada en el sufrimiento del pueblo kurdo.

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Bahman Ghobadi retrata con toda la crudeza este paradigma realista de lo que es la vida de un pueblo en perpetuo exilio en los albores del derrocamiento del régimen de Sadam Hussein por las tropas norteamericanas. Independientemente del posicionamiento político frente a la situación e historia reciente del pueblo kurdo, que lo hay, Ghobadi prefiere narrar las condiciones de vida de un grupo de chavales en un campo de refugiados, unos chavales que no son niños y que se comportan como adultos aunque tampoco lo sean. La crudeza de alguna de las historias de estos jóvenes es muchas veces desgarradora, sin que se haya escatimado en detalles que nos pueden parecer que superan ciertas convenciones a la hora de apelar a la emotividad. Pero todo parece justificado bajo ese triste halo de realismo, donde cabe poco lugar para la justicia poética. No obstante, el film tiene elementos que hacen posible su deglución. Son píldoras de sentido del humor, algunas historias de estos niños adultos que apelan a una infancia diferente o la belleza de algunos de sus planos que relucen como una sardina muerta en un cubo de basura.

Otro prodigio a destacar del film es el excelente casting de chavales que lo dan todo delante de la cámara, y de los que se intuye que en su vida real han sido participes del sufrimiento que les toca representar en la película. La pandilla encabezada por Satélite, todo un personaje con dotes de mando dentro de esta especie de ciudad de muchachos, incluye a pequeños actores mutilados por el trabajo retirando minas antipersona que rodena sus asentamientos. A parte de mostrar sus habilidades motrices pese a sus mutilaciones, estos pequeños hacen una auténtica exhibición de espontaneidad realista en la película e incluso son capaces de mostrar y provocar las más profundas emociones.

Por último, queda resaltar el tono reivindicativo del film, que además puso de manifiesto el director en la rueda de prensa que dio en Madrid, de manera bastante efusiva. Ghobadi es consciente de que la película se verá en occidente, gustará y se olvidará. Pero aún así, no esta mal la apelación a que no obviemos la existencia de chavales como Satélite que siguen existiendo y sufriendo por conflictos cercanos y cuyo interés depende de las agendas informativas de los medios.

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FICHA TÉCNICA

Título Original: Lakposhtha hâm parvaz mikonand

Género: Drama

Dirección: Bahman Ghobadi

Guión: Bahman Ghobadi

Producción: Mij Film

Duración: 95 min.

Países:Irán e Irak.

Año de producción: 2004

Reparto: Avaz Latif (Agrin), Soran Ebrahim (Kak Satelite), Hiresh Feysal Rahman (Hangao), Saddam Hossein Feysal (Pasheo), Abdol Rahman Karim (Rega), Ajil Zibari (Shirko).

SINOPSIS

Los habitantes de un pueblecito del Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irán y Turquía, buscan desesperadamente una antena parabólica para conseguir noticias acerca del inminente ataque de Estados Unidos contra Irak. Un chico mutilado, que viene de otro pueblo con su hermana y el hijo de ésta, tiene una premonición: la guerra está cada vez más cerca. Mientras la vida en el campo de refugiados continúa y los niños guiados por un muchacho llamado Satélite, sobreviven gracias a la venta de minas antipersonal que abundan en la zona.

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Las tortugas también vuelan muestra la historia de una serie de niños y niñas de un campo de refugiados turcos en Irak en los días previos a la intervención militar norteamericana contra el régimen de Sadam Hussein. Esta es una historia de cómo sobreviven estos niños y niñas en una situación límite, en un contexto de conflicto bélico y de subdesarrollo agudo. La situación es extrema: viven de recuperar y vender minas antipersona. Algunos han quedado mutilados por el estallido de alguna de las minas. Otros han muerto. Y en medio de este panorama tienen que organizarse para sobrevivir y resistir, obligados a crecer de golpe. En medio de una situación tan adversa, estos niños y niñas tratan de ayudarse unos a otros, se apoyan solidariamente. La película habla de un destino trágico y doloroso del que se nos informa desde su primera secuencia. Ésta empieza, de hecho, con la maldición de un viejo que no logra colocar bien su antena de televisión: “¿Qué han hecho con nuestra querida patria? No tenemos ni electricidad, ni escuelas, ni desarrollo. Hasta le impiden al cielo traernos ondas para ver cuando empieza la guerra con Estados Unidos. Maldigo esta situación, la maldigo.”

A partir de aquí, la película trata de mostrar el drama humano vivido por el pueblo kurdo, víctimas tanto del régimen de Sadam Hussein como posteriormente de la intervención norteamericana. Al respecto Bahman Ghobadi, su director, afirmó: “Retrato a una generación cuyas expectativas se han visto defraudadas. Están atrapados entre dos tipos de barbarie. Primero, fueron víctimas de Sadam Hussein. Después, la entrada de los americanos les condujo a un nivel de terror diferente.” Ghobadi, sin justificar en modo alguno la intervención norteamericana, se queja que esta historia de padecimientos del pueblo kurdo no haya sido bien conocida ni valorada: “Sadam era un criminal de guerra. Hacer un inventario de sus crueldades llevará años, si es que alguna vez puede completarse. Detecto que en Europa no se ha calibrado en su justa medida la dimensión de los crímenes del régimen de Sadam.” Pero al mismo tiempo, la película en ningún momento puede verse como un alegato a favor de los norteamericanos: “La mayoría de kurdos iraquíes estaba a favor de los planes de George Bush. Ni yo ni mi película compartimos ese planteamiento, pero es una postura que comprendo perfectamente.” Pero ahora, después de la intervención norteamericana, el futuro tampoco parece muy halagüeño: “Al terminar la película, uno entiende que el pasado es amargo, que el presente es amargo y que el porvenir sólo depende de uno mismo. Los poderosos extranjeros no tienen intención de crear un paraíso para nosotros. Ellos nos explotan para construir lugares maravillosos para ellos mismos”. Y es que el film lo que pretende es denunciar la guerra: “Mi intención fundamental era hacer un alegato contra la violencia. No solo sobre sus consecuencias directas, sino también sobre las secuelas que permanecen años después de que se haya producido.”

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Uno de los indicios más claros del distanciamiento de la película con las supuestas bondades del mundo Occidental es la forma cómo son presentados los medios de comunicación. Resulta revelador que la información sobre el inicio de la esperada guerra no llegue a través de la televisión por cable, sino por la revelación del muchacho que tiene visiones. Resulta significativa la secuencia en la que un médico kurdo iraní, ya bastante mayor de edad, cuenta que está buscando un chico que hace predicciones pues, comenta que en tiempos de guerra y hay que estar bien informados. Cuando otro hombre le cuestiona que haga tanto viaje para eso y, que si quiere estar informado, mejor se compra una antena parabólica, éste le contesta: “¿Una antena parabólica? ¿Y que hago yo con eso? Sólo cuentan lo que les interesa. Mienten y se llenan los bolsillos de dinero.” La posición de Bahman Ghobadi al respecto es clara: “En la película todos los personajes buscan información vía satélite sobre la guerra que se avecina, aunque no entiendan el idioma y las imágenes mostradas en la televisión vayan en contra de sus creencias, pero finalmente la información les llega a través de las predicciones del niño mutilado. Esto se debe a que, en mi opinión, las cadenas de televisión pertenecen a grupos de intereses que consideran a los ciudadanos del mundo como simples figurantes. Ellos, con sus cadenas y sus guerras, nos usan como juguetes y nos imponen su guerra sucia para ganar más dinero. Dada la situación en que se encuentra nuestra región y sus repercusiones en el mundo entero, yo pongo en duda cualquier forma de información, ¡incluso la prensa escrita!”

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Otro claro ejemplo del distanciamiento de la película con el mundo occidental es el problema de las minas anti-persona. Ghobadi denuncia las complicidades de la industria de armamento norteamericana y europea con su propagación: “En mi película el trabajo de los niños consiste en encontrar minas antipersonales para después venderlas porque. Desde que se inventaron, Kurdistán ha sido y sigue siendo uno de los países más afectados por ellas. Los fabricantes norteamericanos y europeos se las vendieron a dictadores como Sadam u otros que las diseminaron por todo el país. Creo que llevará mucho tiempo retirarlas. Cada día, cada hora, hay personas inocentes que mueren o quedan mutiladas por ellas. Incluso hay familias en el Kurdistán que ponen el nombre de Mina a sus hijos recién nacidos”.

El director y guionista de Las Tortugas También Vuelan, Bahman Ghobadi visitó Bagdad dos semanas después de que Estados Unidos invadiera Irak para presentar su película anterior y al encontrar la situación de los habitantes de la capital, especialmente los niños, supo que ése sería el tema de su siguiente cinta.

“Vi muchas atrocidades en la vida de la gente, y especialmente en la de los niños, que siempre son las primeras víctimas y de los que nadie se ocupaba. Yo quería hacer una película contra la guerra. De regreso a Irán, al revisar el material que había grabado, decidí volver y hacer una película en la que apareciera todo lo que me había alterado: terrenos minados, niños mutilados, gente perdida, la inseguridad… Entonces volví y me fui a vivir con los niños para sentirme más cerca de ellos”.

Las Tortugas También Vuelan es el tercer largometraje del director kurdo iraní, Bahman Ghobadi. Ser kurdo no es fácil. Los niños de la película no son actores profesionales porque de esos no hay en Kurdistán, quizás porque Kurdistán es una patria que sólo existe en las cabezas y no en el mapa. Los kurdos son un pueblo de 12 millones de personas que no tiene fronteras propias en el atlas, sino que se esparcen entre las de Irak, Irán y Turquía. Huérfanos del mapamundi.

En Las Tortugas También Vuelan, un grupo de niños huérfanos se gana la vida en el Kurdistán iraquí, en la frontera entre Irak y Turquía, vendiendo minas antipersonales a la ONU, que ellos mismos extraen y de las que han sido víctimas, o canjeándolas por armas en el mercado negro.

El régimen de Sadam Hussein les reprime duramente y por esa razón, los pequeños consideran una buena noticia la llegada de las tropas estadounidenses a Irak. Para conocer los detalles del ataque, los expectantes habitantes de la zona ansían una antena parabólica y son los niños, liderados por Kak Satélite, quienes terminan consiguiéndola e instalándola en el punto más alto del árido paisaje.

Un jovencito mutilado, acompañado por su hermana y un bebé de parentesco desconocido, viene de otro pueblo con una premonición: la guerra es inminente y traerá más destrucción.

Para Ghobadi, Las Tortugas También Vuelan, esta es una película “antiguerra, pero sin eslogans”. El filme reflexiona sobre cómo el conflicto afecta irremediablemente la vida de niños y niñas que han perdido la inocencia y la alegría: ya no juegan, han tenido que crecer a la fuerza y cargan con una historia personal llena de violencia, abusos y dolor.

Una antena parabólica, una tortuga (mina antipersonal), un helicóptero, unos zapatos, van describiendo y uniendo la vida de los protagonistas de este relato que nos hará replantearnos la manera en que concebimos nuestra vida y el mundo que queremos construir.

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BAHMAN GHODABI

Nacido en 1969 en el Kurdistán iraní, Bahman Ghobadi es uno de los cineastas más importantes del Medio Oriente.

Mientras era estudiante, Ghobadi trabajó en una emisora de radio y se incorporó a un grupo de jóvenes cineastas aficionados con los que empezó a realizar cortometrajes.

Luego se instaló en la capital, donde estudió cine, pero tuvo que abandonar la facultad antes de terminar sus estudios. Entre 1995 y 1999 realizó una decena de cortometrajes que obtuvieron numerosos premios en distintos festivales nacionales e internacionales.

En 1999 fue primer asistente del gran director Abbas Kiarostami durante el rodaje de El Viento Nos Llevará.

Un año después, estrenó su primer largometraje, A Time for Drunken Horses, que presentó en la Quincena de Realizadores de Cannes y con el que obtuvo la Cámara de Oro y el Premio de la Crítica Internacional.

Su segundo largometraje, Songs of my Motherland (2002), también fue presentado en Cannes, esta vez en la sección Una Cierta Mirada, y premiado en el Festival de Chicago.

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COMENTARIOS DE LA PRENSA

“Las Tortugas También Vuelan, es una de esas películas que no puedes dejar de ver; si quieres considerarte ser humano, ser integrante de esta era. Refleja con claridad, lo que estamos haciendo con la niñez, los abusos que permitimos en nombre de los intereses de los adultos; la maravillosa capacidad de adaptación de los pequeños, a las situaciones adversas. Con ciertos toques ligeros y sin caer en la tristeza y depresión, esta película nos reta a un ejercicio de conciencia y reflexión y nos lleva de la mano a lugares insospechados. ¡No dejen de verla!”. Alma E. Ibarra Cazares, No me cuentes películas.

“No es una película bélica, ni trata sobre la guerra en sí, sino todo lo contrario, es una cinta dramática y emotiva, con una historia que llegará al corazón de aquel que esté dispuesto a abrirse ante esta situación tan real en tantos lugares del mundo”. Yahoo! Cine.

“La belleza aparece sin avisar en algunas de estas películas y lo suele hacer en contraste con unas historias que a veces parecen despiadadas y que apuntan a la línea de flotación de nuestra conciencia occidental de solidaridad, cristianismo militante o de ONG. Las Tortugas También Vuelan provoca todas esas sensaciones siempre mezclando ese aroma exótico con el agrio hedor de la miseria humana encarnada en el sufrimiento del pueblo kurdo”. Daniel Vega, Cuánto y Por qué Tanto.

“Las Tortugas También Vuelan presenta un fuerte relato de la guerra, del desplazamiento, de la privación, que es salvado de la completa desolación por su duro lirismo terrenal (…) Las adversidades que estos niños enfrentan son terribles, y Ghobadi no las endulza ni las torna sensacionalistas, lo que hace que Las Tortugas También Vuelan sea aún más dolorosa de ver. Es un filme que rompe el corazón. La crueldad a veces parece ser no solamente su tema, sino también su método. Como la imagen recurrente de la niña que está al borde de un precipicio, el filme se mueve en el filo de la desesperanza y se detiene ahí, esperando a ver qué pasa después”. A.O. Scott. The New York Times.

“Es un poderoso grito en beneficio de los niños que están atrapados por el despotismo y la guerra (…) Usando un equipo mínimo en el terreno montañoso del Kurdistán iraquí, Las Tortugas También Vuelan presenta una imagen radicalmente diferente de la vida cotidiana en Irak a la que presentan los medios noticiosos en Occidente. Ghobadi es un director profundamente político pero su técnica de aproximación evita hábilmente caer en la ingenua arrogancia de las películas antiguerra de izquierda”. The Guardian.

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Enlaces Relacionados: Tortugas Terrestres
Via: CINE REVISOR: LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN

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