Entrevista a Gerardo Olivares / Domingo de remember

Gerardo Olivares
Hoy Domingo de remember es igual a Gerardo Olivares. ¿La excusa? Una casi perfecta: el próximo 26 de noviembre llega a las salas patrias su nuevo trabajo, Entrelobos, una historia basada en un hecho real capaz de hacer tambalear nuestras hieráticas maneras y congelados sentimientos. Así las cosas, recojo aquí la entrevista que le hice el 27 de diciembre de 2007 para Autozine, por si, como espectadores, quieren conocer un poco más a quien está detrás de la cámara.

ENTREVISTA A GERARDO OLIVARES

Olivares (Córdoba, 1964) ha sido noticia en los últimos meses gracias a que 14 kilómetros, su segundo y más reciente trabajo de ficción, ha logrado hacerse con la Espiga de Oro del Festival de cine de Valladolid. El premio no pasaría de anecdótico, sino fuera porque con ello se ha convertido en el primer español en conseguirlo. Recuerden que llevamos más de medio siglo de festival. Pero el cineasta de origen cordobés no es estrictamente un recién llegado con suerte. Ni mucho menos. Su trayectoria profesional es fecunda. Ha dirigido, participado y colaborado en documentales de viajes, culturales, antropológicos, de investigación y naturaleza entre los que destacan: La Ruta de las Córdobas, La Ruta de los Exploradores, La Ruta de Samarkanda, Los herederos de Gengis Kan, Los hijos del Jaguar, Bajo la sombra de los Annapurnas, Una nube sobre Bhopal y Mekong, el río de los nueve Dragos. Todos ellos emitidos en TVE. Vamos, todo un tropel de documentales que Olivares ha disfrutado como un niño. No en vano, abandonó la carrera de periodismo en su tercer año por un trabajo en la revista Los aventureros que le permitió viajar y conocer aquellas culturas y pueblos que sólo podía imaginar o disfrutar de una forma pasiva (en televisión) desde el cómodo sofá de su casa. Pero la cosa no sólo quedó en eso. También creó, en 1991, Transglobe Films, una productora de documentales que dejó atrás hace ya cuatro años en busca de nuevos proyectos.
Sus trabajos, tanto de ficción como documentales, hablan de otras culturas, nos acercan a ellas y nos embaucan con su belleza y diversidad, aunque también pretenden sensibilizarnos con un problema, el del continente africano, que en palabras del propio Olivares es muy serio y ?no podemos solucionar subiendo la valla de Melilla tres metros más?.
Ya en su primer trabajo de ficción, La gran final, nos tocó la fibra sensible desde el lado más cómico (hay ciertos matices que recuerdan al Berlanga de la España de gallina y pandereta) y surrealista. Su película planteaba la siguiente situación: qué pueden llegar a hacer personas de diferentes culturas (subdesarrolladas) para poder ver en una pantalla de televisión la final de la Copa del mundo de fútbol. Dejando atrás lo superficial, aprovecha para mostrarnos la particularidad y riqueza de cada forma de vida, de cada pueblo que nos presenta, sin necesidad de caer en lo pedagógico. Por su parte, 14 kilómetros ahonda en el tema de la inmigración. Tanto es así que su título hace alusión a la distancia que separa África de Europa. Una distancia que preocupa y ocupa el centro de atención de un cineasta atípico en el territorio patrio, tanto por sus historias como por sus formas.
Casualidad o causalidad, Olivares es además miembro de Thinking Heads, plataforma desde la que se dedica a dar conferencias sobre la inmigración. Es más, junto a la secretaría de inmigración del Ministerio de Trabajo y Asuntos sociales, dará en breve un ciclo de conferencias por toda España para sensibilizar a la gente joven sobre dicho tema y pretende hacer lo mismo en los países desde los que parten los cayucos.


¿De dónde nace su afición por recorrer el mundo y documentar sus viajes?
Viene de familia. Mis padres, cuando se casaron, se fueron en un Renault 12 familiar desde Madrid hasta Pakistán, atravesando Turquía, Persia y Afganistán. Desde pequeñito recuerdo a mis padres que se iban de viaje y, a su vuelta, me enseñaban fotos de lugares que para mí eran nombres míticos como Samarkanda, Ispahán? Creo que por ahí me viene la pasión que siento por los viajes.
Lo de documentar mis viajes fue a consecuencia de mis deseos de viajar. Con apenas 20 años, cogí un vespa y me fui hasta Cabo Norte, hasta Laponia. Durante ese viaje, me di cuenta de que quería ganarme la vida viajando. ¿Cómo hacerlo? Desde luego, tenía que buscar una fórmula que me permitiera viajar y ganar dinero con ello. Lo que no quería era trabajar en una agencia de viajes. Así que me puse a trabajar haciendo fotos de viajes. Un buen día me dije, ¿por qué no hago un documental de alguno de estos viajes? Había por el mundo sitios maravillosos, tribus? que quería conocer y me pareció una buena excusa.
¿Se considera cineasta o aventurero?
Realmente, yo no me considero cineasta. De hecho, hace cinco o seis años ni me lo planteaba. La idea de mi primer trabajo de ficción, La gran final, surge allá por el año 2000, cuando fui a Laponia para hacer un trabajo documental. Allí me encontré con unos nómadas. Uno de ellos llevaba una televisión y le pregunté dónde iban. Me dijo que iban a ver un culebrón ruso y que para poder verlo tenían que subir a lo alto de un monte, enchufar la antena de la tele a unos hierros retorcidos que había de un antiguo observatorio militar y con una batería de coche alimentaban la televisión y veían el culebrón. Viendo lo que eran capaces de hacer por ver un culebrón, les pregunté, ?¿qué pasa, entonces, cuando retransmiten un acontecimiento mundial similar a la final de la copa del mundo de fútbol??. Y me respondió: ?tienes que ver a los nómadas ?buscándose la vida??. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de mi primer trabajo de ficción. Pero, bueno, tampoco me considero aventurero. Los aventureros ya no existen. Eso se quedó en siglos pasados. Hoy en día, ¿quién es aventurero con un teléfono gps?
¿Qué diferencias podemos encontrar entre sus documentales y sus trabajos de ficción? ¿Qué quiere mostrar en ellos?
Mi trabajo de ficción varía mucho del documental. En éste último no fuerzo situaciones, cuento lo que hay. El trabajo de ficción, por otra parte, te permite provocar situaciones, aunque yo mezclo mucho la ficción con el documental. Por ejemplo, cuando me planteé hacer 14 kilómetros, podía contarla de dos maneras: una, como un documental (trabajo más de investigación y cámara oculta), cuyo trabajo hubiera sido más difícil dado que las rutas de la inmigración clandestina están en manos de la mafia y no te permiten grabar tan fácilmente; dos, a partir de una realidad, crear una ficción que parezca real. Lo que busco es contar historias que me apetece contar y creo que a la gente le puede interesar.
¿Le costó mucho pasar del documental a la ficción?
El punto de inflexión vino con un documental que hice para El Deseo, Caravana. Estuve cuarenta días atravesando el desierto del Teneré con los Tuareg y todos los días rodando lo mismo, hizo que el aburrimiento me empujara a jugar con ellos y crear situaciones, empecé a hacer planos, contraplanos? Pensé ?coño, esto me gusta y no es tan difícil?. Cuando llegué a Madrid monté todo este metraje extra al documental. El resultado final es un documental salpicado de estas situaciones creadas como juego. Se proyectó en los cines Verdi durante una semana y parece ser que gustó. Trata la historia de dos niños, uno en Níger y otro en Nepal cuyas familias se dedican desde hace generaciones al comercio con al sal. Una vez al año, los tuareg con sus caravanas de camellos y los dolpo-pa con sus caravanas de yaqs, tienen que hacer un viaje larguísimo. Unos atravesando el desierto del Sáhara y otros las montañas del Himalaya. Representa el viaje iniciático de estos dos niños; un viaje que voy contando en paralelo.
Sus películas no parecen ceñirse fácilmente a los cánones establecidos por el cine patrio más característico. ¿Qué opinión le merece dicha valoración?
Sí, mucha gente me lo ha comentado. En general, La gran final ha tenido buenas críticas, auque también ha tenido sus detractores. Hay gente a la que, hagas lo que hagas, no le va a gustar lo que haces, es lo que ocurre cuando te expones a un público. Muchos críticos dijeron de mi primer trabajo de ficción suponía un soplo de aire fresco respecto al cine español, que era un nueva forma de hacer cine. Desde luego, que un director de cine español haya rodado una película en Mongolia o en Níger, sorprende.
La-gran-final-Gerardo-Olivares
A partir de ahora y tras el éxito obtenido con 14 kilómetros, ¿se dedicará sólo a la ficción?
No. De hecho, actualmente, estoy trabajando en un documental sobre la ruta de la seda, cuya distribución se limitará a los circuitos de televisión. Por otra parte, estoy preparando una película que empezaré a rodar en octubre y que tendrá lugar en Córdoba. De momento, estoy escribiendo y documentando la historia. Esta vez no tendrá nada que ver con la inmigración y será interpretada por actores españoles muy conocidos. La historia está basada en hecho reales que tuvieron lugar en los últimos años 50, pero que nadie conoce porque sufrió la censura franquista. El protagonista real todavía vive. Es más, incluso hay un libro pendiente que me propusieron cuando hice la ruta de Samarkanda, pero no creo que sea el momento todavía de hablar sobre mi vida. Incluso, me costaría mucho tiempo y esfuerzo, ya que yo no apunto nada durante mis viajes.
¿Qué siente uno al ser el primer español en ganar el máximo galardón del Festival de cine de Valladolid en sus 52 años de historia con una road movie sobre la inmigración? Además de los premios a la mejor fotografía y mejor música?
Si te soy sincero, el premio que más ilusión me ha hecho es el del segundo premio del público. Más, incluso, que el de la Espiga de Oro, porque al final este premio es resultado de la decisión de seis personas.
Respecto al número de copias, ¿cuántas se distribuyeron de 14 kilómetros? ¿cree que hay un público para el tipo de cine que realiza?*
Muy poquitas. Salimos con 25 copias. Ten en cuenta que es un circuito pequeño donde están los Renoir, los Verdi, los Floridablanca… En España no puedes pretender otra cosa. Muy distinta es la situación en Francia e Inglaterra donde el circuito para este tipo de cine social es mucho mayor. Por ejemplo, La boda de Tuya, que ganó el Oso de Oro en Berlín, sólo la están proyectando en un cine en toda España (una única copia de una película con tamaño premio) y es una delicia de película. Desde luego, el público y la crítica van cada uno por su lado. Pero, el verdadero problema de las películas de poco presupuesto es que no dejan que funcione el boca a boca, porque las van quitando rápidamente de las salas. Lo primero es que en España, si quieres salir en versión original, sólo tienes 15 cines en todo el territorio; todos los demás exhibidores te obligan a doblarla al castellano y eso estropea algunas películas que requieren de la versión original para resultar creíbles. Lo segundo es que en los cines comerciales, si la primera semana la película no ha hecho una recaudación determinada te la quitan, ya que hay 15 películas esperando a ser estrenadas. Con ?14 kilómetros?, la primera semana, hicimos 7.000 espectadores, así que nos la quitaron de 4 ó 5 cines.
También hay que tener en cuenta que el tema de la inmigración no le interesa a casi nadie. Las 25.000 personas, tanto en Madrid como en Barcelona, que están sensibilizadas con el tema ya han ido a verla. En España se juntas dos cosas, hemos viajado muy poco y el tema de la inmigración es relativamente reciente.
¿Cree en la sensibilización del público a través del cine?
Claro, claro. A mí me gusta hacer un tipo de cine comprometido. El cine es un medio de comunicación. De hecho, mis influencias van desde ken Loach a Michael Winterbottom o películas como La batalla de Hadiza de Nick Broomfield.
Lo que me gusta mostrar en mis trabajos es una línea divisoria casi inexistente entre la ficción y la realidad, que esa línea apenas se perciba, como ocurre en Bloody Sunday, una película de Paul GreenGrass con una historia muy potente y una forma de contarla que da sensación de realidad. Al final, la diferencia entre el buen y el mal cine o entre un documental bueno o malo es que te lo creas, que lo que te esté contando sientas que es verdad.
¿En qué formato están rodados sus trabajos de ficción? ¿Cuáles cree que son las ventajas e inconvenientes de uno y otro formato?
Ambas están rodadas en Betacam. La calidad todavía deja algo que desear. Si proyectas ambas películas en un proyector de alta definición alucinas, la calidad es brutal. No llega a ser 35 mm, ni mucho menos, pero se aproxima, sobre todo en los planos cortos, donde prácticamente no hay diferencia. Otra cosa muy distinta son los planos generales, donde hay más información. Aquí se nota un poco más, ya que el HD no tiene la profundidad de campo que tiene el 35 mm. Pasa lo mismo con las diapositivas y el digital. El verdadero problema del HD es que tienes que pasarlo a 35 mm, porque las salas todavía no están preparadas para su proyección. En eso proceso es, realmente, donde se pierde la calidad.
Sin embargo, creo que el cine terminará haciéndose todo en HD, que irá evolucionando hacia más calidad. Es lo lógico. Es una cuestión de costes y comodidad. ¿Sabes lo que supondría para mí irme al desierto con latas de 35 mm y guardarlas en neveras por temor a los cambios de temperatura?

Fuente: Entrevista a Gerardo Olivares / Domingo de remember « Don’t Disturb Magazine

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