Billy Wilder (doble partida)


Amor a la americana

Bésame tonto (1964), ofrecía una imagen tan sombría de la América media que Wilder fue víctima de una verdadera campaña de prensa en contra suya. Sólo El apartamento recibió una aprobación crítica generalizada, pues su devastadora crítica de la ética americana del éxito quedaba diluida por el creciente amor entre sus víctimas. C.C.Baxter (Jack Lemmon) y Fran Kubelic (Shirley MacLaine). Sin embargo, El apartamento (1960) no es una comedia refinida, sino un inquietante retrato de la soledad urbana, y al final de la película vemos a Baxter y Fran unidos, pero en paro y sin casa. No puede decirse que se trate de un final precisamente feliz.


Pero, si estas dos películas son verdaderas declaraciones de odio dirigidas a la sociedad americana, Wilder ha efectuado dos declaraciones de amor, dos inequívocos homenajes a la inocencia y a la exhuberancia norteamericanas; aunque, significativamente, ambas ambientadas en los años 20: El héroe solitario (1957), una biografía casi fordiana de Lindbergh, y un clásico del cine cómico de todos los tiempos, Con faldas y a lo loco (1959), posiblemente la película más popular de su autor. En ella, Jack Lemmon y Tony Curtis interpretan a Jerry y Joe, dos músicos que se tienen que disfrazar de mujer tras haber sido testigos de la matanza del día de San Valentín, y que huyen de Chicago mezclados en una banda femenina. La película saca un enorme partido a esta idea de la transformación y de la adopción de un papel distinto al que desempeña uno en la vida real. En el cine de Wilder abundan las caracterizaciones y los disfraces; en El mayor y la menor (1942), Ginger Rogers se hace pasar por una niña de doce años; en Testigo de cargo (1957), Marlene Dietrich engaña al abogado defensor disfrazándose de mujerzuela, y en Irma la dulce (1963), Jack Lemmon finge ser un anciano Lord inglés. Sin embargo, en estas películas, lo importante no es la eficacia del disfraz, sino, precisamente, su transparencia. Las cómicas crisis de identidad de personajes como Jerry, en el que el lado femenino de su personalidad termina apoderándose de él, son versiones ligeras y alegres de los tormentos de personajes tales como Fedora (1978), la Norma Desmond de Sunset Boulevard (1950), y el Sherlock Holmes de La vida privada de Sherlock Holmes (1970), quizá, el estudio más profundo y conmovedor de Wilder sobre el abismo entre la intimidad y la imagen pública.

El mundo del cine


En casi todas las películas de Wilder existen alusiones al mundo del cine, por ejemplo. El gran carnaval (1951), puede considerarse como una alegoría sobre los métodos de Hollywood, mientras Bésame tonto, lo es sin duda alguna. Esas alusiones se expresan por medio de homenajes y del empleo de determinados intérpretes: James Cagney, aplicando métodos de gángster al comercio internacional en Uno, dos, tres (1961); Willian Holden y Jack Lemmon, interpretando prácticamente los mismos papeles en películas sucesivas; Marilyn Monroe, interpretándose a sí misma en Con faldas y a lo loco; las apariciones de directores en la vida real; Cecil B. De Mille y Erich von Stroheim, en Sunset Boulevard. Todo ello revela una aguda consciencia de la mitología de Hollywood, tema tratado a fondo, tanto en Sunset Boulevard como en Fedora, dos exploraciones de la capacidad de fabricación de imágenes de Hollywood, llenas de interesantes puntos de convergencia, pero también de divergencia.


Fedora es un magnífico resumen de este aspecto de la obra de Wilder, una película caracterizada por el cambio continuo de perspectivas y estados de ánimo. En Fedora, un productor de cine en decadencia intenta convencer a una gran estrella retirada de que vuelva al cine para interpretar una nueva versión de Ana Karenina. La película rememora mostálgicamente el viejo Hollywood, y lanza una despiadada mirada sobre el nuevo. Su propia renuncia a estar a la moda, su preocupación por la solidez narrativa y la construcción de los personajes, la convierten en una de las más bellas de todas de sus últimas películas. Los puntos de vista ingeniosamente sardónicos de Wilder sobre el sueño americano, Europa, Hollywood y las costumbres y normas morales, en general, no pierden vigencia ni acritud con el paso del tiempo. Refiriéndose a las películas mudas, la Norman Desmond de Sunset Boulevard dice:”Siguen siendo todavía maravillosas, ¿no?”. Sesenta años después, sus palabras pueden aplicarse igualmente al clasicismo de Billy Wilder, y sobre todo al de Fedora.

Via: Billy Wilder (doble partida) :El Tiempo Ganado

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