¿Cómo leo un libro?

¿Cómo leo un libro?

No los leo todos de la misma manera. Cuando era más joven, muchísimo más joven, cuando leía lo que me aconsejaba molimadre, me adentraba en la lectura con la convicción de que aquello no podía salir mal. Molimadre había leído ese libro antes y le había gustado, no había más que pensar, me lanzaba a leer compulsivamente, lo devoraba y volvía a por otra ración de lectura. Lo mismo me pasaba con lo que me prestaba molitia, tampoco había dudas. Iba a su casa, arramplaba con una pila de libracos y me marchaba tan ufana a devorar todo lo que me esperaba allí.

Pasados los años, agotadas las existencias lectoras de mis familiares más directos y comprobado que dado mi ritmo de lectura era imposible que ellos consiguieran saciar mi voracidad lectora, me lancé al mundo de comprar mis propios libros o sacarlos de la biblioteca.

Esto era nuevo.

Era leer sin red.

Era lanzarse al vacío de la lectura basándome en que el libro me hubiera “llamado”.

Era el vértigo de ¿ qué habrá ahí?

No era ni metódica, ni lógica en mis compras. Compraba colecciones de libros de esas que venían con los periódicos y si daba con un autor que me gustara (a pesar de lo horrendas que son esas ediciones, todavía no había llegado a ese nivel de exquisitez lectora que te hace darte cuenta de lo horrible de la traducción o lo descuidado de la edición) me lanzaba a leer todo lo que encontraba de ese autor…hasta que me tropezaba con algo que no me gustaba y entonces lo aparcaba. Por aquel entonces, no dudaba de la excelencia escritora de nadie…siempre pensaba que no había sido el momento para esa lectura en concreto o que yo no estaba al nivel de comprensión, inteligencia, sensibilidad o lo que fuera para esa obra. En aquella época descubrí a Vargas Llosa a partir de su maravillosa “Conversación en la catedral”, , a Patricia Highsmith y su Ripley, a Henry Miller con “Trópico de cáncer”, a Gerald Durrell y a su hermano Lawrence. Con éste último me pasó una cosa curiosa, sudé tinta china para terminar “EL cuarteto de Alejandría”…recuerdo la sensación de pensar…mierda…esto mola pero no soy capaz, me estoy perdiendo y seguir y seguir para terminarlo y quedarme con la inquietud de no haberlo leído bien. Después de eso, en un viaje a Granada, paseaba por allí y en una feria del libro de ocasión, descubrí un libro que era la correspondencia de Durrell con Henry Miller durante 40 años…la compré con la intención de intentar entender a Durrell…y me encontré con un hombre cercano, sensible, con manías y movidas como todos pero perfectamente accesible en su correspondencia con otro raruno con Miller. Tengo ese libro por uno de mis mejores tesoros.

Cuando esas lecturas sin red salían bien..cuando sabía que había encontrado un filón, era feliz. Mola tanto.

En aquella poca iba tirando del hilo que los libros me ofrecían…si Miller hablaba de Anais Nín pues allí me lanzaba…si Muñoz Molina mencionaba a Chandler pues a por él..y así iba encadenando lecturas.

Ahora sigo haciendo lo mismo: tiro del hilo, me fío de la llamada de un libro, leo críticas con mucha prevención y escucho recomendaciones de distintas personas.

Cuando el libro lo he elegido yo, me zambullo en su lectura con curiosidad y con un pelín de miedo, ¿Habré elegido bien? ¿Encontraré lo que sea que buscaba? ¿Me gustará? ¿Me hará pensar? Nunca hay una apuesta segura, ahora ya lo sé, un autor que te encanta puede patinar en lo siguiente que leas sobre él…o un libro en el que has puesto muchas esperanzas puede desencantarte y hay que reconocer el error y la derrota. Esta vez tu instinto te falló.

Si el libro me lo ha regalado o recomendado alguien que me conoce y que me aprecia, me enfrento a él de manera distinta. ¿Por qué esa persona ha pensando en ese libro para mí? Supongo que esta manera de enfocar esas lecturas se debe a que yo cuando regalo o recomiendo libros concretos a alguien en particular lo hago pensando en esa persona, en lo que le gusta y no le gusta, en cuanto lee, en cómo lee…en mil variables. Por ejemplo, hay libros que recomiendo a pobrehermano y sin embargo jamás se lo daría a leer al ingeniero…En el blog recomiendo en genérico porque no conozco a toda la gente que me lee…pero sí que pienso en algunos lectores/conocidos en concreto para determinados libros.

A lo que iba, cuando alguien me recomienda/regala un libro y por fin lo ataco lo hago con la expectación de saber lo que me deparará el libro y la expectación de entender porqué esa persona me ha recomendado ese libro. ¿Qué espera que encuentre? ¿Estaré a la altura? ¿Veré lo mismo que esa persona vio en ese libro para pensar en mi e incitarme a su lectura? No sé si me explico, pero a la inquietud por saber que me espera entre las páginas del libro se suma la inquietud por saber si mi actitud como lectora será la adecuada…si llegaré a ser esa “lectora” que el recomendador tenía en su cabeza cuando pensó en mi.

Cuando los resultados son buenos, es decir, cuando el libro me deja en shock y sé que como lectora lo he hecho lo mejor posible, he dado lo mejor de mí, la sensación es fabulosa…No quiero repetirme, pero en fin…La caja Negra es un ejemplo de esto….me flipó y me sentí feliz de pensar que mi amiga M. había pensando que era una lectora para esa novela.

Cuando los resultados son malos, es decir el libro me horroriza, pueden pasar dos cosas. Que me horrorice porque el libro sea una puta mierda y entonces piense que una de dos o la gente me regala sin pensar en mí o lo qué es peor ¿Qué imagen tienen de mí para regalarme esta mierda o ésta o ésta? Como varias de esas horribles lecturas han sido regalos de gente que me consta que me quiere, les supongo un momento de ofuscación mental y me los leo esperando por lo menos sacar un despelleje digno.

Cuando el libro no me horroriza pero leyéndolo me siento como si fuera con una desbrozadora y tuviera que ir abriéndome paso entre maleza, voy avanzando poco a poco, muy poco a poco…y notando que he de esforzarme por llegar a lo que el libro quiere contarme, me entra el pánico escénico. ¿No estaré a la altura? ¿Me estoy perdiendo algo? ¿La persona que me lo ha recomendado tiene una imagen mía como lectora que no es real? ¿Estaré a la altura de esa imagen? Normalmente, persisto en la lectura, sigo avanzando, poco a poco y esperando que al final encontraré la doble recompensa de lo que el libro quiera darme y de haberme superado como lectora.

Ahora mismo ando ahí..con la desbrozadora…pero ya oteo el final.

PS: No sé si he conseguido sonar mínimamente coherente con toda esta cháchara, pero todas estas ideas han venido a mi mente mientras nadaba hoy…y tenía que sacarlas.
PS (II): Dejo para otro día las elucubraciones sobre recomendar libros.
PS(III): Sobre cómo leo fisicamente escribí aquí.

Via: Cosas que (me) pasan: CÓMO LEO.


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