Indiana Jones

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Me gustaría hablar en esta entrada de, quizás, el culpable de que muchos hicieramos la carrera de historia y ahora estemos en el paro, casi tanto como el amigo Zapatero o el “sistema económico mundial” que nos han traído esta crisis tan rica. ¡Cuántos pensaríamos de niños que la historia era tan sólo batallitas entre reyes medievales o el desembarco de Normandía, y la arqueología la búsqueda de tesoros mientras te persiguen por la selva hordas de indígenas que sólo piensan en cocinarte en una olla!.
Bromas aparte, tengo claro que me encanta mi carrera y, si pudiera, la volvería a hacer, el doctor Jones supuso el héroe por excelencia de miles de niños en los 80 y 90. Los artífices, Lucas y Spielberg, crearon a un arqueólogo que más que dar clases buscaba ídolos mayas, reliquias cristianas, viajaba a los lugares más remotos y exóticos tropezando con mil desafíos y, además, le sobraba tiempo para ligar. Con su clásico traje de faena, cazadora de cuero, fedora, pistola y látigo, y en el rostro media sonrisa y barba de tres días, no necesitaba más para despachar a cuantos nazis se le pusieran por delante.
En su primera aventura, En busca del arca perdida (1981), huía de una roca gigante en la selva, se enfrentaba por primera vez a los nazis y a sus odiadas serpientes, siempre acompañado por su amor platónico, Marion. En las dos películas siguientes, El templo maldito (1984) y La última cruzada (1989), Indiana se confirmaba como el héroe juvenil, manteniendo el respeto al género de aventuras, con nuevos compinches que daban un mayor toque de humor a la saga, como el niño chino Tapón y el padre de Indy, Sean Connery, pasando a ser una trilogía ya clásica.
De esta manera, se convirtió en todo un fenómeno de la historia del cine similar a Stars Wars, con miles de fans por todo el mundo, que pedían enloquecidos una cuarta entrega de su arqueólogo favorito. Ésta llegó, posiblemente, algo tarde. En 2008, Indiana volvió a coger el látigo en El reino de la calavera de cristal, ya entradito en años y con canas, en una historia aderezada por mitos como El Dorado, comunistas en vez de nazis y extraterrestres, una mezcla que no gustó a casi nadie. En mi opinión, el problema era que la mayoría de los fans ya no eran los niños que descubrieron maravillados al doctor Jones y mitificaron la trilogía, pasando por alto la poca verosimilitud que contenía, y ya con ojos de adulto, no perdonaron a la última precisamente esto. O quizás no, y la cuarta era bastante mala. En cualquier caso, me apunto a los rezos de Harrison Ford para que hagan una última más. ¡Por la aventura y por Indiana Jones!

Via: El Cine es nuestro: Indiana Jones


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