El universo morentiano, de la A a la Z

Como homenaje al fallecido artista Enrique Morente, ofrecemos algunas entradas del diccionario del cantaor, incluido en el libro La voz de los flamencos, de Miguel Mora, y publicado por la editorial Siruela en 2008

El cantaor Enrique Morente

El cantaor Enrique Morente, en una actuación en el San Juan Evangelista en 2008.- CRISTÓBAL MANUEL

Andalucía. El tópico me gusta: Andalucía gitana y mora. Suena bien. Hay varias y me gustan todas. La cuna del flamenco, sí. Pero hoy ya no es sólo de Andalucía. Es de muchos sitios, y cuantos más sean, mejor. ¿El Estatuto de Autonomía dice que el flamenco es nuestro? Eso me recuerda a mi maestro Pepe de la Matrona, que en la posguerra fue a buscar el carné de artista al sindicato vertical, a la Falange. Un jurado te examinaba de muchos géneros. "¿Quién me examina?", preguntó Matrona. "El Canario de Madrid." "Pues dígale que está aquí Matrona y le va a pegar una patada a la jaula y va a salir el pájaro volando." ¿Vamos a examinar los andaluces a un flamenco de Extremadura? ¿A decidir si la rumba de El Pollito se atiene a los cánones?

Aurora (Carbonell, su mujer). Alboreá, amanecer, la Aurora de Nueva York. Y luego está Aurora, la granaína del Rastro de Madrid, que habla mejor granaíno que los de Graná.
Ava (Gardner). La conocí en Zambra. Un día junto al mostrador de la entrada, por donde salíamos al escenario, en un saloncito precioso. Llegué y había allí una mujer con vaqueros y camisa blanca. Buenas noches, buenas noches. Pensé: "¿Y esta tía tan guapa?". Cuando salí me di cuenta. Así que volví y allí estaban El Gallina y Pericón: me la presentaron. No llevaba una gota de pintura, era una maravilla. Con El Gallina, Varea y Pericón simpatizó mucho. Ha quedado una imagen injusta y frívola de ella; o fue mal contada por los flamencos, mal descrita, o mal escuchada. Le gustaba mucho el cante bueno. Para ir de fiesta con artistas como aquéllos te tenía que gustar mucho el cante. La impresión de que todos se acostaron con ella es mentira. En aquella época el Sacromonte también estaba lleno de artistas americanos que venían a oír flamenco. Anthony Quinn, Ingrid Bergman… Entonces era distinto… Decían que el flamenco para turistas iba a acabar con el flamenco; pero en los tablaos era más peligroso el turismo interior que el exterior.
"Ay". Pepe de la Matrona criticaba mucho a los cantaores que no sabían decir "ay". Siempre nos daba una disertación: "Señores, el ay es un lamento, no un rebuzno".
Belmonte, Juan. La época de gloria: ¡haber conocido a Belmonte y a Joselito escuchando a Chacón! También a Manuel Torre, que era íntimo amigo de Chacón aunque los flamencólogos se encargaron de separarlos. Siempre que podían se llamaban para escucharse. En realidad, Chacón fue un gran promotor de Manuel Torre.
Cabales. Uno de los cantes grandes. Se llama así no porque haya reuniones de aficionados cabales cerca, sino porque en la época de las cabales, el cantaor que no cerraba la siguiriya con la cabal no remataba la noche: el cante no quedaba cabal. Hacía tiempo que no se cantaba, y yo lo empecé a hacer más rítmico, más rápido, con una guitarra diferente y con percusión. Es un cante que siempre exige mucho, en el fondo es una siguiriya, el único cambio real de la siguiriya. Hay que cogerle el truco, pero salir adelante con ella no es fácil. Yo cada vez que vuelvo a hacerla le saco más partido. Tiene vuelo y muchas posibilidades.
Camarón de la Isla. Hizo pasar momentos muy dolorosos con su desaparición. Se fue demasiado pronto. En la garganta tenía el almíbar gitano, lo dulce y lo rancio. Era un gran músico natural, con una intuición asombrosa. Tenía muchos fuertes: el color de la voz, un sentido rítmico extraordinario, un conocimiento del flamenco espléndido. Todo lo que hacía estaba siempre bien colocado, perfectamente cuadrado, y además con inspiración y con duende. No se podía pedir más. Una maravilla. El mundo entero, cuando enfermó, intuyó que se perdía alguien fuera de lo normal. Y ahí empezó la angustia de la gente y se empezó a mostrar más atención hacia el flamenco. Cuando murió, muchos creyeron que iba a pasar como uno más, pero no fue así: su música no ha hecho más que crecer, cada vez va a más. El equipo era imbatible. Paco fue un inmenso productor, y el padre de Paco les animó a cantar la antología entera. Murió sin herederos y dejó una maravilla que no se puede imitar.
Candela. El bar más flamenco de Madrid. Recuerdo la noche que entró Camarón por la puerta de atrás. Miguel, el dueño, echó a todo el mundo de la cueva y pudimos pasar juntos esa noche. Venía con Luis, Carlos y Pepe Habichuela y dos o tres amigos más. Éramos pocos y se podía hablar. Aquella noche habló mucho, cosa rara en él. Fue una noche sana, él tomó Fanta de naranja. No había drogas ni metepatas. Hablamos, cantamos… Las noches sin comunicación, sólo con el ruido de la música, son insoportables. Una copa, una charla, un cante, una guitarra. Fue una noche bonita, estuvimos muy a gusto. El Candela ha sido muy importante porque nos permitió a un montón de profesionales reunirnos, vernos, y empezó a bullir todo y a crecer. Hubo momentos muy bonitos, cada día iba allí gran parte de la profesión, y muchos venían de fuera. Se gestaban discos, conciertos, grupos, colaboraciones… Ketama y La Barbería del Sur salieron de allí; y recuerdo que la llegada de Gerardo Núñez al Candela fue un acontecimiento; esas facultades, esa intuición, ese coraje… Nos quedamos impresionados. Fue una sorpresa. También llegaron Rafael Riqueni, Cañizares, y Sabicas incluso estuvo alguna vez, en la época que grabamos el disco juntos (1990). Es el local más importante para el flamenco de los últimos 30 años; Miguel Candela tiene ese mérito. El Candela es una parte de mi casa.
Compás. La forma, la técnica de medir el ritmo. Unos lo entienden de una manera, otros de otra, pero es una de las riquezas del flamenco, una forma de medir que no existe en otras músicas, sobre todo cuando hablamos de soleás, bulerías, siguiriyas o tientos… La medida del fandango es más universal, está en la jota aragonesa por ejemplo, pero si la aceleras y le cambias un poco el carácter, te descuidas y te sale una bulería. Ese tipo de juego rítmico existe mucho en el flamenco. El compás es para escribirlo y el tiempo para sentirlo. Hay trabajos perfectamente cuadrados, muy medidos, pero que están sin arte. Hay gente que tiene mucho compás y no es artista. Chocolate cantaba totalmente libre, fuera de los cánones del compás y de la guitarra, y es un artista que ha quedado en la historia. La Paquera no tenía el estilo moderno de la bulería de Jerez, pero mejor que ella no ha cantado nadie por bulerías… Casos y cosas así se dan mucho en el laberinto, a veces confuso, del flamenco. Una prueba más de que en el arte los dogmas no valen para nada.
Chacón, Antonio. El más grande compositor de cante que ha habido, seguramente. Tenía la habilidad de coger una cartagenera o una taranta pequeña y hacer un grandioso cante. Lo más importante de él es su capacidad creativa; él es la encarnación del creador flamenco, junto a otros como El Mellizo. El cante ha sido creado por los cantaores, igual que la guitarra la crearon los guitarristas y el baile, los bailaores. La pena fue que el invento de la grabación llegó tarde y nos perdimos a algunos creadores importantísimos, y como el cante no se escribe en partituras, sólo se transmitió oralmente. Sabemos cómo es la música de Mozart e incluso la medieval. La pregunta es si la malagueña del Mellizo se parecerá a la original que él compuso, teniendo en cuenta la anarquía del arte flamenco, las noches ajetreadas e inspiradas, efusivas y generosas, y a veces dolorosas, de esta profesión. Es posible que muchos de los cantes que se achacan a tal o cual autor tengan muy poco que ver con el punto de partida. Chacón sólo grabó una pequeñísima parte de su repertorio, porque una de sus virtudes era su largueza como cantaor. Yo hice 24 cantes suyos, pero él era un gran dominador de cantes sin guitarra y creo que nunca cantaba igual, no se parecía dos noches distintas. Martinetes, siguiriyas, soleás, tonás, romances, de una vez a otra era una historia distinta. En todo caso, todo lo que dejó es sublime.
Dinero. En el flamenco no se ha movido el dinero como en otros géneros. Nunca se ha movido como ahora, pero se ha movido. Los flamencos han estado siempre en ello. La droga del tiempo anterior era el juego. Había muy buenos crupiers y estupendos jugadores de cartas flamencos. Y de lotería. Marchena tomaba una calle de Madrid y le decía a su representante que fuera por la otra acera comprando lotería a los ciegos. Por lo visto le tocó varias veces. Y luego se lo gastaba otra vez.
Duende. Una palabra inventada, una invención romántica para no decir pellizco, pero es lo mismo: la inspiración, el corazón, la transmisión.
España. Siempre en la boca del cante: en los jaleos se decía antes: "¡España-Jerez!". Claro que yo he llegado a decir hasta "Viva Grecia". Ya no sabemos dónde estamos, ni lo que comemos. ¡No ha tenido que sufrir nada el flamenco hasta que le ha hecho caso España! Tuvieron que venir de fuera a convencerlos y aun así están dudosos, no le gusta a casi ningún burócrata. Y eso que parece que el flamenco es español. Resulta difícil decir que el flamenco es un arte de perseguidos, pero es verdad que procede de los barrios marginados… Otra figura muy española son los señoritos, pero supongo que habría de todo, con arte y sin arte, igual que en todos los demás oficios. Parece claro que el cante surgió en diferentes ciudades, hace siglos, casi siempre en sitios de mal vivir. En Graná salió en las cuevas y las ventas, Zoraida, El Álamo… Allí se buscaban la vida los cantaores con los señoritos y pasaban cosas graciosas. Le decían al señorito: "¿No tiene usted una foto de su nieto?". "Aquí tengo una, mire qué cosa más bonita." Los artistas se pasaban la cartera y sólo le dejaban la foto al pobretico. Pese a todo eso, el flamenco representa a la patria en todo el mundo desde hace muchísimos años. Se exporta mejor que los toros, claro. Ese éxito que tiene fuera a algunos les sigue pesando, cosa que entiendo. Como nunca han convivido en un entorno favorable hacia el flamenco, no se sienten representados.
Flamencólicos. Dicen que yo inventé la palabra, pero también se me acusa de otras cosas. Incluye melancólico; cólico; coliflor; alcohólico, y seguramente tiene connotaciones más graves. Viene de flamencólogo, claro, que es una palabra que inventó Anselmo González Climent, un argentino que era buen aficionao. La flamencología es un mundo de hombres apasionados que han hecho una labor por una parte buena, cuando los libros estén bien hechos; porque un libro siempre es importante pero una copia de un libro de otro libro de otro libro es menos importante, ¿no? Lo que ha sucedido es que algunos empezaron a representar la Real Academia del Cante Flamenco y a dirigir los sentimientos de la gente y de los artistas; a decir lo que se tenía que hacer y lo que no, y se perdieron en partidismos, y entonces muchos artistas se aprovecharon para conveniencia de sus carreras personales. Hay trabajos muy válidos y respetables, aunque han contribuido a algunos equívocos. Pero siempre que un género musical tiene muchos libros escritos sobre él es porque merece la pena. ¿No?
Guitarra. Nuestro instrumento. Un instrumento de volumen sutil, pero que tiene problemas: no llega como el saxofón o la trompeta; por eso es muy difícil sonorizar la guitarra en los conciertos y en los espacios grandes hay que enchufarla. No hay más remedio. Tiene posibilidades maravillosas pero está inventada para la distancia corta. Soy un gran admirador de la diversidad de expresiones de la guitarra flamenca desde Manolo de Huelva hasta ahora mismo. Mi hijo Kiki parece que va a ser tocaor. En El pequeño reloj hice un homenaje a la guitarra, soy un guitarrista frustrado. Si no veo dos o tres guitarras por la casa no estoy contento, me gusta tenerlas cerca. Aunque no soy gran lector de música, es un instrumento muy difícil. Le tengo muchísimo respeto. Me imagino que piano a mitad de carrera será igual de endemoniado, pero hacer un acorde de Do en un piano debe ser fácil y hacerlo en la guitarra requiere muchísimo tiempo. Exige más ensayo que el cante, más sacrificio: sin eso, nadie toca un pimiento. Los tocaores siempre están tocando. El cante tiene otra ventaja: ensayar un cante es muy difícil, de hecho yo jamás ensayo.
Habichuela, Los. He pasado gran parte de mi vida junto a la familia. Ligado por destino, por amistad y por admiración; por paisanaje también. Y por arte, sobre todo. Juan y Pepe comparten el espíritu, pero su técnica es muy distinta. Pepe puede hacer un concierto de rasgueo. Juan tiene esa flamencura extraordinaria, ese sonido tan personal y de tanta calidad. Pepe ha conseguido un nivel técnico espectacular, el de las grandes guitarras. A él le debo el disco de Chacón, el Despegando y muchos trabajos. A Juan, muchos momentos muy importantes de inspiración. El mito de la contención del tocaor que acompaña y el de la sincronización perfecta del guitarrista con el cantaor no existen. Lo importante es la intención, el concepto, la expresión, la habilidad de hacer la falseta que viene a cuento después del cante, la sutileza y la intuición. La leyenda de esos que chanelan [presumen] de "cazadores" no existe. El guitarrista y el cantaor tienen que escucharse mutuamente. Ir juntos no siempre se consigue. Si eres un prodigio de técnica, vas al mismo tiempo. El diálogo puede ser respuesta y pregunta. Pero para contestar hay que preguntar antes. Juan tiene fama justa de acompañar bien.
Hispavox, Antología Flamenca de. De las primeras que me compré y de lo primero que pude escuchar en mi pickup; me parecía una maravilla y todavía me lo parece. La hicieron los franceses, la casa de Le Chant du Monde, y luego la compró Hispavox. La montó Perico el del Lunar, él fue el productor, lo que entonces no existía. No se ha superado.
Indio Gitano, El. Maravilloso extremeño, una voz entre lo gitano y el soul y el blues. Sonaba como Louis Armstrong y era un personaje extraordinario.

Juicio, El. Ja, ja. Aquello ocurrió en Motril en los años 80. Era un festival. Había dos ambigús al borde del escenario, así que el artista que salía a cantar a las tres de la mañana llegaba ciego. Recuerdo que había dos micrófonos para seis artistas, el sonido era pésimo… Salí y debí cantar 15 minutos, quizá 16. El contrato, que lo había arreglado Pulpón, estipulaba que cantaría la caña, la siguiriya y la liviana. Pero para terminar antes los canté todos de un tirón y acabé. Entonces salió un cojo del Ayuntamiento al escenario y con el contrato en la mano empezó a gritar: "¡Motrileños, ha venido a engañarnos! ¡Mirad lo que pone aquí!". Para no pagarme, alegaron que había incumplido el contrato. Así que los llevé al juzgado para poder cobrar. En el juicio, el abogado me preguntó si era cierto que no había cantado la liviana. Y yo le dije: "Canté la mía personal". Y él: "¿Pero se alivió al cantarla?". Entonces le expliqué: "Mire, se llama así porque es un cante de preparación, pero se la voy a cantar para que la conozca". Ahí terció el juez: "Vuelva usted al banquillo que son las once de la mañana y aquí no se canta". Al final gané el pleito y cobré. Lo que ya no sé es si la jurisprudencia quedó a favor de la libertad del cante o no. Lo único que sé es que programar esos festivales que duran siete horas como defensa de la pureza del flamenco es un disparate. Muchos acaban a silletazos.
Kafka. Hicimos una cosa de Kafka con Israel Galván. Hice un tema, leí La metamorfosis y es impresionante; la idea es genial, y que Israel lo montara sólo se le puede ocurrir a alguien de un talento extraordinario.
Libertad. He dado la impresión de ser más libre de lo que he sido. Los pasos que he dado han sido más por desesperación que por otra cosa, por no tener más remedio. Muchos han sido más largos de lo que deberían haber sido, huidas hacia delante. Estás intentando encontrarte con el cante clásico, que es lo que más me ha gustado… Pero si me hubiera ceñido a eso, muchas cosas que están hechas no se habrían hecho, claro. Aunque muchas veces las he hecho porque me ayudaban a aprender a cantar mejor por siguiriyas. Cuando te tiras una temporada cantando con una guitarra eléctrica, paras y vuelves, el oído te lo agradece. Sobre todo por el cambio, por el descanso de la rutina. También es cierto que me gusta la sorpresa, el riesgo, otras posibilidades. A veces pienso: de mantener la pureza que se encarguen otros. Pero siempre vuelvo; es una regresión, porque siento que todavía hay mucho que hacer ahí. Se ha perdido el rito de la afición, y es paradójico que lo diga yo que me he paseado por ahí con guitarras estridentes, pero ese respeto por los anteriores ya no está. Escuchar a los viejos es lo primero para poder caminar; los que has conocido, los que te han entusiasmado, los que no has podido oír porque no estaban grabados y has tenido que imaginártelos… Ésos son siempre los más inspiradores.
Madrid. La calle de Alcalá, aparte de ser preciosa, es la calle por donde han bajado y subido los mejores toreros después de triunfar en Las Ventas. Cantando allí se sufre mucho más que se goza, pero cuando las cosas salen bien duran más. No hay una ciudad en el mundo con más arte, flamenco y del otro. Sin menospreciar a ninguna: vamos los andaluces y los antiandaluces, y Madrid nos recibe a todos. El ole se dice muy bien, porque hay mucha costumbre de escuchar. Y de ir a los toros. Le debo a Madrid todo lo que soy. Siempre la defenderé. Aunque se haya convertido en un mastodonte, conserva el sabor y la nobleza.
Marchena, Pepe. La flamencología nos hizo ver que Marchena era la denigración del arte flamenco. Ahora sabemos que es una de las glorias más sensacionales del arte flamenco, para cualquiera que tenga los oídos medianamente en su sitio. Un creador nato.
Melismas. Esas notas y esos giros que hacemos los cantaores y los árabes. Debe ser cosa del Mediterráneo. Lo cual no quiere decir que nos bañemos todos los días en Marbella.
Mirabrás. Pregones andaluces, arte popular a un paso del flamenco y que muchas veces se confunde. Han desaparecido los pregoneros de Andalucía, pero el cante sigue. No tiene la difusión de los Rolling Stones, pero sigue siendo una maravilla.
Morente, Estrella. Una sorpresa dentro del panorama flamenco. Grabó el primer disco y a los pocos meses era un reguero de pólvora. Eso sucede muy esporádicamente en el flamenco. No me gustan las posturas de decir "es la mejor que ha salido en no sé cuántos años" porque eso es un desprecio inmediato al resto de los jóvenes, y los buenos no son superiores a los otros, son diferentes. Lo que puedo decir es que mejor que Estrella no ha cantado nadie hasta la fecha. Y que está en la edad de aprender y competir dentro de su grupo de población.
Nitri, Tomás El. A ése no le hemos oído, sólo tenemos las patillas iguales. Le dieron la Llave del Cante, que debió ser un invento de un empresario habilidoso de la industria del flamenco: el hombre vino a Madrid, puso en competencia a las figuras y también le dio la Llave a Vallejo; antes la había ganado El Nitri, probablemente por idea de otro empresario. Lo de las llaves tiene un peligro. Si el que la recibe se cree que tiene la llave del cante, no tiene arreglo. Como operación comercial o reconocimiento a una proyección, bueno, está bien. Pero parece que el que tiene la llave es algo. Imaginemos la llave de la pintura. ¿Por dónde empezamos? ¿El Greco, Picasso, Barceló, Sicilia? No habría cerrajeros para tanta gente.
Ortega y Gasset. Tenía nombre de torero retirao. No lo he leído.
Pellizco. La transmisión. Lo que sucede cuando la gente dice ole. ¿Por qué dicen ole? Yo creo que hay dos tipos de ole: el del efecto (un gran alarde de voz, por ejemplo) y el del efectismo. A mí me gusta el del efecto, el del arte, el del pellizco. Es igual que el de los toros. Por eso el flamenco y los toros son los dos únicos artes en que se dice ole.
Revólver (Sala). Un sitio al que guardo mucho cariño, hicimos allí actuaciones de mucha emoción en un momento muy bonito, en plena Movida madrileña, y algunos iban con las crestas, los punkis y los más vanguardistas… Santi fue un atrevido maravilloso y encontró la tecla de los "lunes flamencos".
Sanlúcar, Manolo. El mejor cantaor con la guitarra. Es un cantaor que lleva guitarra. Esencia y pureza del toque flamenco.
Templarse. Prepararse, buscar la entonación y templar el cante antes de empezarlo. Se hizo una ley, y de ese temple hubo quien hacía verdaderos cantes. Por ejemplo, Chacón: una salida de Chacón era un cante.
Unión, La. Un festival veterano, empezaron unos cuantos hombres con pocos recursos y ahora es uno de los más importantes de España. Se mantiene, cada año va a más porque tienen la imaginación que había hecho falta en otros festivales de Andalucía.
Vallejo, Manuel. Uno de los más geniales artistas de la historia del cante flamenco. Tuvo muy mala suerte, víctima de los "revertefascistas", lo metieron en la cárcel y lo sacó un militar amigo y aficionado al flamenco, pero ya estaba destrozado de las palizas que le dieron. Todo, por cantar los fandangos republicanos. Como cantaor ha sido de los más grandes, y hubiera dado dinero por conocerlo. Pero mucho dinero.
Yerbagüena, Frasquito. Era uno de los que le pedían la cartera al señorito para ver la foto de su nieto. Gran aficionado de Graná que cantaba un fandango del Albaicín muy personal. Es un cante muy bonito que ha prosperado mucho: lo hemos cantado todos.
Plaza de los Herradores. A las puertas de Graná, está la Virgen del Triunfo con veinticinco faroles. Recuerdo que había coreografías de las cuevas del Sacromonte por ese palo; es un cante bailable que se conserva gracias a los gitanos. En la conservación de cantes y músicas ancestrales, la importancia de los gitanos ha sido crucial.
Zorongo. Canción popular de Federico, una belleza a la que el mundo del cante también le ha metido mano. Es tan pequeño el escalón dentro del laberinto entre el folclore, la canción popular andaluza y castellana, el flamenco y la canción tradicional, todo está tan cerca, que muchas veces distinguirlo es difícil. Pero esa confusión, y esa fusión, me gustan mucho.

Via: blogbar do fontana: El universo morentiano, de la A a la Z – El País, es – link (aqui)


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