Lo histórico está de moda


Por la localidad madrileña de Boadilla del Monte abundan las togas. Personajes de otra época visten capas, túnicas y armaduras sobre el asfalto de un polígono industrial. Son tendencia este otoño. Últimamente, las prendas anticuadas se llevan en televisión. “Lo histórico está de moda”, asevera Carlos Sedes, director de ‘Hispania’.

El lujo del campamento militar romano dista de las austeras cuevas hispanas apenas unos cientos de metros. Un paseo por el rodaje que lleva 15 minutos a paso marcial; 10, a caballo, y cinco, en coche, el medio de transporte que, cuando las cámaras no filman, prefieren estos romanos, defensores de la comodidad y el progreso.
Juan José Ballesta está entre los vecinos pobres, quienes defendieron, no el progreso, sino la Península. Las cuevas del decorado representan las del siglo II antes de Cristo. “Estamos en la guarida escondidos”, cuenta entre las sombras de una gruta, espada en mano. El joven Paulo en esta ficción que Bambú ha producido para Antena 3 protesta por tanta batalla: “Siempre está de guerra todo el mundo”.
Jesús Olmedo, del bando de los romanos, presume en cambio del reguero de sangre que deja atrás su personaje, Marco: “Tengo por contrato un par de muertos al día. Voy a dos por capítulo, ya sean niños, caballos, mercaderes, hispanos…”.
Dos mundos colisionan. La cubana Ana de Armas, Nerea en esta superproducción para la pequeña pantalla, está en medio. Esta hispana (tanto en la realidad como en la ficción) pasa de joven casamentera a sierva esclavizada cuando el SPQR de los estandartes asoma por la Península: “Han interrumpido mi boda y han matado a toda mi familia”.
Parecen razones suficientes para la rebelión, encabezada por Roberto Enríquez, quien interpreta al más legendario de los guerreros lusitanos: “Viriato es un pastor, pero tiene alma de líder. Lucha porque han acabado con su familia, tiene dentro una fuerza de venganza”. Sin embargo, Olmedo, en su papel de “brazo armado de Roma”no entiende tantas reticencias a dejarse engullir por el Imperio: “Bendita ignorancia”. Enríquez cita a los irreductibles galos de cierta aldea: “Estos romanos están locos. Corroboro lo que dice Astérix”.
Fuego en el campamento
Lluís Homar es Galba, el ambicioso pretor romano que pretende hacer méritos antes de su regreso a Roma, que él espera triunfal. “Me encargaron alcanzar la paz, pero yo persigo mi enriquecimiento”. Su escalada social, además de por ‘Hispania’, pasa por Claudia, la hija de un importante patricio. “Esa relación es un pulso”, resume Homar.
Efectivamente, hay contacto y lucha, tal y como se comprueba tras el “prevenidos y acción” del director. La Hispania romana se calienta, no sólo por el fuego que surge de los pebeteros. A la vista queda en la imagen superior. En el rodaje en interiores del tercer y cuarto episodio, Galba se encarama al lecho de su esposa.
– ¿Por qué te acercas a mí, apestando a vino?
Por la localidad madrileña de Boadilla del Monte abundan las togas. Personajes de otra época visten capas, túnicas y armaduras sobre el asfalto de un polígono industrial. Son tendencia este otoño. Últimamente, las prendas anticuadas se llevan en televisión. “Lo histórico está de moda”, asevera Carlos Sedes, director de ‘Hispania’.
El lujo del campamento militar romano dista de las austeras cuevas hispanas apenas unos cientos de metros. Un paseo por el rodaje que lleva 15 minutos a paso marcial; 10, a caballo, y cinco, en coche, el medio de transporte que, cuando las cámaras no filman, prefieren estos romanos, defensores de la comodidad y el progreso.
Juan José Ballesta está entre los vecinos pobres, quienes defendieron, no el progreso, sino la Península. Las cuevas del decorado representan las del siglo II antes de Cristo. “Estamos en la guarida escondidos”, cuenta entre las sombras de una gruta, espada en mano. El joven Paulo en esta ficción que Bambú ha producido para Antena 3 protesta por tanta batalla: “Siempre está de guerra todo el mundo”.
Jesús Olmedo, del bando de los romanos, presume en cambio del reguero de sangre que deja atrás su personaje, Marco: “Tengo por contrato un par de muertos al día. Voy a dos por capítulo, ya sean niños, caballos, mercaderes, hispanos…“.
Dos mundos colisionan. La cubana Ana de Armas, Nerea en esta superproducción para la pequeña pantalla, está en medio. Esta hispana (tanto en la realidad como en la ficción) pasa de joven casamentera a sierva esclavizada cuando el SPQR de los estandartes asoma por la Península: “Han interrumpido mi boda y han matado a toda mi familia”.
Parecen razones suficientes para la rebelión, encabezada por Roberto Enríquez, quien interpreta al más legendario de los guerreros lusitanos: “Viriato es un pastor, pero tiene alma de líder. Lucha porque han acabado con su familia, tiene dentro una fuerza de venganza”. Sin embargo, Olmedo, en su papel de “brazo armado de Roma”no entiende tantas reticencias a dejarse engullir por el Imperio: “Bendita ignorancia”. Enríquez cita a los irreductibles galos de cierta aldea: “Estos romanos están locos. Corroboro lo que dice Astérix“.

Fuego en el campamento

Lluís Homar es Galba, el ambicioso pretor romano que pretende hacer méritos antes de su regreso a Roma, que él espera triunfal. “Me encargaron alcanzar la paz, pero yo persigo mi enriquecimiento”. Su escalada social, además de por ‘Hispania’, pasa por Claudia, la hija de un importante patricio. “Esa relación es un pulso”, resume Homar.
Efectivamente, hay contacto y lucha, tal y como se comprueba tras el “prevenidos y acción” del director. La Hispania romana se calienta, no sólo por el fuego que surge de los pebeteros. A la vista queda en la imagen superior. En el rodaje en interiores del tercer y cuarto episodio, Galba se encarama al lecho de su esposa.
– ¿Por qué te acercas a mí, apestando a vino?
El rodaje se interrumpe. No por la frase de Nathalie Poza. De Armas, que abanica esta violenta escena, mastica un chicle, algo poco probable en los campamentos romanos, dos milenios atrás.
Hay que evitar cualquier anacronismo. Los relojes de pulsera, en este plató de 2.000 metros cuadrados, no son bienvenidos. El equipo de Bambú borra con escobas las huellas que las zapatillas deportivas dejan sobre la arena y esconden tras las cámaras las bombonas de butano que alimentan las antorchas.

Los tatuajes: el enemigo

El departamento de maquillaje se esmera especialmente con Juan José Ballesta, marcado en su piel no por lanzas, sino por agujas: “Los tatuajes me los hice con 16 años. Me dio la tontería. Ahora me lo tienen que tapar todos los días. Ya me han dicho que no me haga más“.
Olmedo recuerda otros obstáculos, por ejemplo grabar el pasado verano en Extremadura: “A temperaturas de hasta 46º en la comarca de La Vera le tienes que añadir ir a galope en el caballo, sacar la espada, pelear…”. Enríquez, envuelto en su desharrapada capa, no admite queja: “En cuanto llegan, empiezan a protestar por todo. Que si hace calor, que si tal.. ¡Que se vayan a su casa!”. La batalla no ha hecho más que comenzar.

Fuente: Serie “Hispania”. Lo histórico está de moda. « Paleorama en Red


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