Monthly Archives: January 2011

'Mi montaña' ganadora del XII Premio Desnivel de Literatura

Presentación del libro en Logroño: martes, 30 de noviembre, en el Instituto Riojano de la Juventud (C/ Muro de la Mata, 8).

*EIDER ELIZEGI (Lasarte —Guipúzcoa—, 1976). Después de impartir clases particulares y de aficionarse al atletismo de fondo, descubrió la montaña y ascendió a numerosos picos de los Pirineos y los Alpes. «Dejé mi trabajo fijo y mi piso de alquiler, regalé todos mis libros y, con mi furgoneta convertida en mi casita móvil, me volví vagamontañas», explica. Ha publicado la novela Mi montaña (2010; Premio Desnivel de Literatura).

Via: ‘Mi montaña’ ganadora del XII Premio Desnivel de Literatura

“Oráculo manual y arte de prudencia”, Baltasar Gracián

El Oráculo manual es una obra absolutamente original en el panorama literario de finales de la primera mitad del siglo XVII. Impreso en un volumen de reducido tamaño, con facilidad para traerlo entre las manos, encontramos en esta obra graciana normas de comportamiento que permiten el triunfo moral en la vida cotidiana. Y todo ello desde una forma nueva: el aforismo. En los trescientos que componen el Oráculo expone Gracián un saber eminentemente práctico. Toda la sabiduría, la inteligencia, el discurso lo cifra Gracián en salir airoso de cualquier situación y en manejarse con sultura en la vida cotidiana. Gracián es maestro en indicarnos cómo regular el trato con los demás y en cómo hay que relacionarse con quien se pueda aprender, con quien pueda contrarrestar algunos excesos o con quien se pueda sacar beneficio. Un texto a veces difícil que requiere la activa e inteligente colaboración del lector para establecer sus propias conclusiones.

Te dejamos uno de los consejos de Gracián, publicados en Cátedra:

«8. Hombre inapassionable, prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad le redime de la sugeción a peregrinas vulgares impressiones. No ai mayor señorío que el de sí mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del alvedrío. Y quando la passión ocupare lo personal, no se atreva al oficio, y menos quanto fuere más: culto modo de aorrar disgustos, y aun de atajar para la reputación».

Via: “Oráculo manual y arte de prudencia”, Baltasar Gracián

Breve testimonio de una mirada, de Ana Vega

Breve testimonio de una mirada
Ana Vega

Por Alberto García-Teresa

Una escritura profundamente dolorida, desoladora e incómoda es la que construye este Breve testimonio de una mirada, el segundo libro de Ana Vega.

«Nada. / Nada alrededor» es uno de sus más expresivos versos, que revelan el tono general de este pequeño poemario: «el dolor lo engulle todo».

Los versos están compuestos de oraciones brevísimas que constituyen fogonazos, descripciones físicas y anímicas acerca de esa soledad. Se obtiene así una gran contundencia, mediante la yuxtaposición de sintagmas nominales que aportan información.

En muchas poemas, se deriva esta situación del desamor, de la ruptura amorosa. De este modo, si en su poderoso El cuaderno griego el dolor era más existencial, aquí se incorpora esta esfera.

En ocasiones, se cuela la melancolía, la evocación de instantes de plenitud entre la devastación, pero es la desolación quien prima en los textos («derrotas, sobretodo») y una densa atmósfera de ausencia.

Se manifiesta entonces, de esta manera, el choque entre el deseo y su irrealización, y también el miedo a culminarlo: «me ha dado vértigo / verte tan cerca». En esa línea, se registra una mayor presencia de lo carnal, que contrasta con las imágenes de frío y devastación que lo rodean: «una mujer sitiada por el escombro». Muchas veces, de hecho, se manifiestan en un espacio cerrado y cercano, como un habitación o una casa.

Por tanto, Ana Vega entrega una nueva serie de poemas que prosiguen su estética, incorporando aspectos nuevos (no se encuentran, por ejemplo, en esta ocasión poemas en prosa), con los que logra un poemario de gran unidad y que mantiene una gran intensidad a lo largo de todas sus páginas.


Breve testimonio de una mirada

Ana Vega
48 páginas
Amargord, 2010
ISBN: 978-84-92560-60-8

www.edicionesamargord.com
www.albertogarciateresa.com

http://amargordcandela.blogspot.com

Via: Breve testimonio de una mirada, de Ana Vega

Libro: El camino de Levante

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El camino de Levante
El samurái del rey 1
O camiño de Levante
Marcos Calveiro
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Ilustraciones de Ramón Trigo
Edita Edelvives
197 páginas
1ª edición, 2010
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En 1614 una misión japonesa recala en España, invitada por el rey Felipe III, antes de viajar a Roma para ser recibidos por el Papa.
Sebastián Corcovado vive recluido en Sevilla, en casa del señor donde trabaja su madre adoptiva. Apenas sale por miedo a las burlas de la gente. En una de sus pocas escapadas, conoce al joven pintor Diego Velázquez, del que se hace amigo, así como a una bella esclava, Marcela, maltratada por su amo y de la que se enamora. Sebastián decide liberar a su joven amada, y cuenta con la ayuda de Diego y uno de los samuráis, Tomás Felipe, a quien conoció por casualidad cuando salió en defensa de Sebastián acosado por unos ladrones.
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Oí en la radio a alguien que recomendaba este libro, no recuerdo quién era, lo más probable es que fuera Sagrario Fernández Prieto en el programa de César Vidal pero no pondría la mano en el fuego.
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Es el primero de una serie protagonizada por Tomás Felipe, el samurái del rey que se queda en Sevilla.
El original se editó en gallego, no sé si con las ilustraciones de Ramón Trigo, muy buenas, que parecen sencillas pero de eso nada.

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El libro de Marcos Calveiro me ha sabido a poco, esperaba más, se queda en un dejar caer los personajes para que los conozcamos y ya veremos en la siguiente aventura.
Pues eso, ya veremos.

Via: Afotostresdetres: Libro: El camino de Levante

Ana María Matute: Literatura, literatura y literatura

Por Alfredo Llopico.

Ana María Matute (Barcelona, 26 de julio de 1925), considerada unánimemente una de las voces más personales de la literatura española del siglo XX por la calidad y originalidad de su obra, así como la mejor novelista de la posguerra española, viene de nuevo este miércoles a la Fundación Caja Castellón para participar en el ciclo de charlas-coloquio “Condición Literal”. Su intervención, que como no podía ser de otro modo, responde al título de “Literatura, literatura y literatura” tendrá lugar excepcionalmente en el marco del Teatro Principal de Castellón.

La vida de Ana María Matute nunca ha sido fácil, ni en la niñez, carente de cariño, ni en la plenitud de la edad, cuando era una mujer triunfante cuyo nombre llegó a barajarse para el Premio Nobel. A la condición de mujer pionera de la literatura justo en unos tiempos en los que el mundo literario y editorial era propiedad de los hombres, hay que añadir graves problemas personales, pérdidas y depresiones que la silenciaron durante años. “El sufrimiento enseña”, afirmó, “pero sólo si sobrevives; porque lo malo es que el sufrimiento suele matar”. Ella supo sobrevivir, y ha renacido ahora de las cenizas. La inocencia que hoy exhibe es un logro de la voluntad, una reconquista para una escritora de éxito y prestigio.

Ana María Matute

Ana María fue la segunda de cinco hijos de una familia perteneciente a la pequeña burguesía catalana, conservadora y religiosa. Durante su niñez vivió un tiempo considerable en Madrid, aunque curiosamente muy pocas de sus historias hablen sobre sus experiencias vividas en la capital de España. Posiblemente porque a los cuatro años, al caer gravemente enferma, fue a vivir con sus abuelos a Mansilla de la Sierra, un pequeño pueblo en las montañas riojanas cuyas gentes, en palabras de la propia Matute, le influenciarían profundamente, como queda evidente en Historias de la Artámila de 1961.

A los diez años comenzó la Guerra Civil Española. La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza que siguieron a este conflicto bélico marcaron hondamente su persona y su narrativa. La de Matute es la infancia de una niña robada y marcada por el trauma de la guerra, por las consecuencias psicológicas del conflicto y de la posguerra. Así lo podemos ver reflejado en sus primeras obras literarias centradas en los “los niños asombrados que veían y, muy a pesar suyo, tenían que entender los sinsentidos que les rodeaban”.

Escribe su primera novela Pequeño Teatro a los 17 años de edad, pero fue publicada 11 años más tarde. Desde finales de los años cuarenta y durante los cincuenta y sesenta, Matute fue una prolífica escritora y además, muy premiada. Sus novelas y relatos como Los Abel (1948), Fiesta al noroeste (1952), Los hijos muertos (1958) y Primera memoria (1959) guardaban una crítica soterrada hacia el franquismo. A pesar ello, ganó el Premio Nadal, el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa. La única que no pasó la censura fue la novela Luciérnagas (1949), que no llegó a las librerías hasta 1993.

En los setenta, después de publicar La torre vigía, dejó de escribir. En 1963 se había separado de su marido, Ramón Eugenio de Goicoechea, y debido a las leyes franquistas perdió la custodia de su hijo, lo que le provocó problemas emocionales.

En 1976 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura. Después de varios años de gran silencio narrativo, en 1984 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con la obra Sólo un pie descalzo. En 1996 publica Olvidado Rey Gudú, es elegida académica de la Real Academia Española de la Lengua donde ocupa el asiento K y se convierte en la tercera mujer aceptada dentro de ésta en los últimos 300 años. En 2010 fue distinguida con el Premio Cervantes, el más importante galardón de las letras en español.

Afirma la escritora Juana Salabert que “a veces, muy pocas, ocurre que llegamos a amar a un autor tanto como a sus textos”. Por su parte Onetti dice que “hay mujeres que nunca terminan de matar a la muchacha que llevan dentro”. Y ella, Ana María Matute, grande entre los grandes en el país de las palabras y uno de los seres más inteligentes, divertidos y entrañables que nos han sido dados a conocer, se ha salvado del maleficio de la edad y de cualquier clase de engolamiento, sin duda porque no ha perdido nunca su inmensa capacidad de curiosidad. Tal vez por eso, sus personajes, a lo largo y ancho de una espléndida obra sin fisuras, operándose entre la falsa dicotomía de lo fantástico y lo real, son a veces videntes pese a sí mismos, como uno es siempre escritor contra, y a favor de sí mimo, en un intento reiterado en cada libro de ganarle la partida a la temida palabra fin.

Via: Ana María Matute: Literatura, literatura y literatura

Temperamentos filosóficos.

“La filosofía que un hombre elige depende del tipo de persona que se es”. Esta frase, del filósofo idealista Fichte (1762-1814), la toma Sloterdijk (1947) como una máxima para acercarse a cualquier pensador. Esto quiere decir, que para abordar una filosofía y poder entenderla de una manera completa será necesario conocer la biografía de su autor, y así, a través de ella, desvelar su temperamento, ya que en él encontraremos lo que el entramado conceptual omite y que será esencial para entender el sentido íntimo de su filosofía.

Temperamentos filosóficos nace de una proyecto realmente ambicioso, ya que su autor, cansado de ver cómo se ha dejado de acceder directamente a la obras capitales de la Historia de la Filosofía en favor de monografías o manuales que no pueden suplir el contacto directo con los textos, ha decidido hacer una colección que recoja los libros que todo aquel que quiera decir de sí “soy filósofo” tiene que haber leído. Por nuestra parte, desde esta sección de Pensamiento, le felicitamos por la iniciativa, ya que creemos en la necesidad de leer la filosofía desde sus fuentes originales. Y es que para hacernos cargo de la propuesta de un pensador es necesario quedarnos a solas con él, cara a cara, sin intermediarios, ya que una idea desligada del estilo que la anima es un mero ejemplar disecado en el que se perderá lo esencial: la manera de respirar y moverse que tiene un concepto, esto es, la capacidad de interactuar con el lector de una manera activa.

Y entonces, ¿qué es lo que podemos encontrar en este libro? Pues en este libro podemos hallar las introducciones que Sloterdijk ha preparado para acompañar a cada uno de los libros que componen la colección, una por el volumen de cada filósofo. Introducciones que lejos de ofrecer un resumen de las ideas principales del autor pretenden informarnos de su temperamento, es decir, pretenden daros las claves para entender, ya lo decaímos antes, el sentido íntimo de una filosofía. Así, se nos hablará del intenso deseo platónico por alcanzar la unidad de las polis griegas y de esta manera poder recuperar el esplendor perdido. De Aristóteles de su pasión inagotable por aprender, y lo que es más importante, del vinculo que en él se da entre saber y alegría. De San Agustín la necesidad de alcanzar a Dios de una manera íntima y, por lo tanto, única. De Descartes su búsqueda heroica por alcanzar un criterio con el que poder decir qué es verdad y qué es falso, qué es bueno y qué es malo, y así frenar la sangría de las guerras de religión. Pero no continuaré con la enumeración ya que el resto están en este libro y merece mucho la pena hacerse con él y leerlo. Brindo por esta apuesta que busca, y en mi opinión lo consigue, recuperar, como diría Unamuno, “la carne de los conceptos”.

Via: Temperamentos filosóficos.

Celda 211


Sinopsis: Juan, funcionario de prisiones, se presenta en su nuevo destino un día antes de su incorporación oficial. Allí, sufre un accidente minutos antes de que se desencadene un motín en el sector de los FIES, los presos más temidos y peligrosos.
Sus compañeros no pueden más que velar por sus propias vidas y abandonan a su suerte el cuerpo desmayado de Juan en la celda 211.
Al despertar, Juan comprende la situación y se hará pasar por un preso más ante los amotinados. A partir de ese momento, el protagonista tendrá que jugársela a base de astucia, riesgo y mentiras, sin saber todavía que paradójica encerrona le ha preparado el destino.
Información sacada de www.celda211.com

Por la noche estuvimos cenando carne a la brasa en un pueblo cercano, ya que los alumnos de Óscar le invitaron a celebrar con ellos la fiesta del pueblo 🙂
Via: Dosis de recuerdos: Celda 211


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