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El último tabú inglés…

Harry Potter y Amy Winehouse son realidades demodés. En Inglaterra, el cogollito está ahora en las provincias (esas que terminan en shire) y lo que se lleva es el sexo anónimo al aire libre. Daniel Davies lo revela en su novela La isla de los perros, el éxito incómodo de 2009.

“No es autobiográfica, aunque sí es real”, se apresura a explicar Daniel Davies (Sutton-Coldfield, Reino Unido, 1973). Y es que en Inglaterra —donde su obra La isla de los perros ha sido comparada con American psycho, de Bret Easton Ellis, y el periódico The Guardian se ha referido a ella como la mejor novela británica del año— todo el mundo quiere saber si lo que se cuenta en sus páginas tiene algún parecido con la realidad (y con la del autor, para más señas). El uso de la primera persona en la narración no ayuda a despejar el enigma morboso. “El libro despierta reacciones extremas: la gran celebración o el mutismo. No es mi vida, aunque hay paralelismos entre el narrador y yo: el trabajo en una revista de moda, la desilusión con ese mundo, la vuelta al hogar y el rechazo del tipo de vida pija que lleva, bien pagada y lujosa”, confiesa sonriente.

El protagonista de La isla de los perros, Jeremy Shepherd, sufre una revelación ontológica (al ritmo del Daydream Nation, de Sonic Youth) y decide dar un vuelco a su existencia. Abandona su puesto de editor en una prestigiosa publicación masculina de tendencias en Londres, vuelve al hogar familiar en una provincia de la Inglaterra profunda, obtiene un aburrido funcionario e invierte todas sus energías en una sinfonía multitudinaria de fornicación pública a lo largo y ancho de una variedad inacabable de lugares (aparcamientos de centros comerciales, partes traseras de hospitales, fábricas o pistas de tenis en desuso) y posturas (sobre el capó, misionero, en el asiento trasero) cuyo entramado se conoce como “el circuito”. “Es un término inventado”, apunta Davies, “tiene muchos nombres, pero el hecho es que existe”. Cuando se le pregunta cómo logró una documentación tan detallada, apunta a Internet: “Es increíble la cantidad de información que hay. Y el fenómeno crece ayudado por la Red. Tecleas dogging [sexo heterosexual entre desconocidos en lugares públicos; cancaneo, en argot español] y salen miles de páginas con toda la información. Los códigos que se mencionan en el libro son reales: la forma de comunicarse con las luces de los coches, ventanillas… Son una forma de regularizar una actividad en la que es difícil, de antemano, comunicarse. Es muy sencillo explorar este mundo sin participar en él”.

Si bajo los céspedes de la América suburbana de Blue velvet, David Lynch encontró orejas, pesadillas freudianas y psicópatas inhaladores, Davies bucea en la campiña británica y descubre un submundo habitado por ex estrellas del pop viciosas, refugiados árabes informáticos, parejas extraabiertas, ninfómanas de ojos grises, facherío y un sinfín de impulsos ocultos en e-mails y SMS que se entrelazan en una red de deseo, pasión y exploraciones físicas (con cámaras de vídeo y chantajes incluidos) donde el afecto tiene poca cabida.


El último tabú inglés

“Es un fenómeno que dice mucho de la cultura inglesa. Si quieres escribir acerca de tu país, es muy difícil encontrar una forma nueva de hacerlo. Mi estancia en el extranjero me permitió limpiar mi mirada. Vivía en San Sebastián trabajando de profesor de inglés y leí un artículo en el sitio web de la BBC en el que detallaban cómo Stan Collymore, un afamado futbolista del Liverpool, había sido descubierto practicando el cancaneo. El fenómeno se hizo público. Esta actividad secreta era un mecanismo perfecto para explorar la Inglaterra moderna. Es un acto tremendamente inglés: oculto y discreto. Dice mucho de la vergüenza sexual de los habitantes de mi país. El amor al código es algo muy central en el carácter patrio. Como la hipocresía o el puritanismo”. Achaca su auge a “una reacción contra las cámaras de seguridad, entre otras cosas. Inglaterra tiene la densidad de cámaras de seguridad más alta del mundo por habitante. Crean un ambiente de vigilancia, de espionaje opresivo. En Londres puedes pasar 24 horas paseando por la ciudad y cada segundo hay una grabación de tu movimiento. Existe el deseo de evitar las cámaras, pero también de voyeurismo. Una paradoja extraña: mirar y ser mirado. Junto a la exploración del coche como objeto sexual”. Davies sugiere que esta práctica ha podido ser un trasvase del cruising, el equivalente del dogging en el mundo gay, “de gente que participaba de ambos mundos, movidos por la envidia de la libertad y facilidad con la que ocurría en el universo homosexual”.

Influido por el pesimismo, tono y perspectiva de Houellebecq y el minimalismo del lenguaje de Coetzee, dotado de un envidiable distanciamiento y una irreverente pátina de mala baba, el libro se convierte en una novela metamorfoseada en fábula con un mensaje alejado de la controversia sexual: “Trata del vacío de la vida en un país obsesionado con la fama, del rechazo consciente de Jeremy contra todo eso. Del deseo de una vida más simple como reacción al capitalismo y a la ambición profesional, en un momento en que ésta ya no tiene tanta importancia como antes”.

No exenta de polémica, la novela le trajo algún problema con su novia, cuyos padres son católicos. Cuando su suegro le pidió el libro para leerlo en su club de lectura de la iglesia, tuvo que declinar amablemente la invitación. Y dice que en su trabajo, aún hoy, después de leerla, algunos le miran raro. A saber por qué.

Via: ¡Váyase usted a la mierda! ¡A la mierda!: El último tabú inglés…

El juego del otro y El fin del arte

Ante el período vacacional que se aproxima, dos recomendaciones literarias:

El juego del otro
es un libro con textos de Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Jean Echenoz, Barry Gifford, Paul Klee y Sophie Calle. Publicado por Errata Naturae en 2010 plantea cómo han estado siempre unidos el problema de la identidad y de la creación artística, concretamente El juego del otro reflexiona sobre el plagio como fuente de creación artística, y el deseo de impostura de hacerse pasar por uno que no se es, llegar incluso a inventarse una autobiografía, a saciar el hambre de crearse a sí mismo a través del arte.

Una inédita compilación de textos de diversos autores que se ilustra con fotografías , sobre todo de Sophie Calle. En el libro se incluye, por primera vez en castellano, Gotham Handbook. Nueva York: instrucciones de uso, de la artista Sophie Calle y fruto de una colaboración con Paul Auster, donde se documenta la performance que nace de una relación entre ambos en donde Auster, primeramente, se inspira y apropia de obras realizadas por Calle para su excéntrico personaje de María en la novela Leviatán. Después Sophie le sugiere a Paul invertir el juego y recibir de mano de Auster unas instrucciones personales de cómo mejorar la vida en Nueva York, le solicita un guión para desarrollar durante un tiempo y hacer de ese periodo, documentado con fotografías e informes, una obra de arte perfectamente integrada en la personalísima trayectoria de esta creadora. De ese modo, se reúnen el fragmento de Leviatán en donde Auster da vida a María con trabajos de Sophie Calle, la correspondencia de ambos para hacer el proyecto y el manual de instrucciones de Auster y la crónica-obra de arte de Sophie Calle.

También se presenta “Un viaje a Túnez”, el breve diario que Paul Klee escribió en su recorrido por Túnez en 1914, acompañado de su amigo el pintor August Macke. En este capítulo se propone un juego al comparar el diario de Klee y el inventado de Macke -escrito por el escritor norteamericano Barry Gifford bajo la sospecha de que el diario de Klee no se ciñe a lo que realmente sucedió en aquel viaje-. Por último El juego del otro incluye el epígrafe: “Sobre la impostura en literatura”, una sugerente y aguda conversación entre los escritores Enrique Vila-Matas y Jean Echenoz.

El fin del arte, de Donald Kuspit, traducido por Alfredo Brotons y publicado por Akal en 2006. Un libro donde Donald contesta a Arthur C. Danto, el autor de La muerte del arte (1984) y Después del fin del arte (1997), donde analizaba la quiebra de la modernidad.


Pero, más allá de las contradicciones que plantean ambos autores y otros teóricos, es evidente la etapa de incertidumbre y redefinición artística en la que se encuentra el arte desde hace décadas. El ‘todo vale’ y las múltiples voces de artistas, críticos, comisarios y públicos ha puesto en riesgo el juicio estético. Kuspit aboga por defender una sola entre decenas de maneras de ‘ser artista’, desautorizando el resto, teoría que no creo sea posible y factible hoy día debido a la multitud de perspectivas que ofrecen los creadores, por ello discriminar unas en pro de otras es practicamente imposible. Se ha de ser crítico, eso sí, ante la fatiga de lo nuevo o la farsa delirante. En definitiva, Kuspit condena la confusión entre arte y realidad, que es para él siempre banal, y la primacía de la idea sobre la ejecución de la obra. Según su habitual enfoque freudiano concibe el acto creativo como sesión psicoanalítica, el estudio como clínica y la obra como herramienta de curación.

Via: El juego del otro y El fin del arte

84, Charing Cross Road. Helene Hanff

Es un libro que se puede y se debe encuadrar en el género epistolar, tan corto como intenso. Nace una amistad de una relación profesional. Helene es una mujer con pocos recursos autodidacta a a que le gusta tener en su casa los libros que le han dejado huella al leer, al mismo tiempo no tiene ningún pudor en deshacerse de aquellos que no le han gustado, están mal editados, tienen una traducción mala, o están a su modo de ver incompletos. Podríamos llamarla una sibarita de la lectura, si no fuera porque por economía se debe contentar con libros de segunda mano, y también porque suele leer literatura de autores de otros siglos… y en eso me recuerda un poco a Loque, aunque también en sus ocurrencias.

Pues como decía con esa economía tan precaria y con un trabajo de escritora de guiones para televisión, pocas veces en América podía permitirse el lujo de comprar un libro, eran muy caros, una día ve un anuncio de la librería Marks&Co y les escribe solicitándoles un ejemplar. Como se puede comprobar las primeras cartas que intercambian son muy formales, corresponde a personas que no se conocen. Pero el ritmo de las cartas debía ser muy frecuente y entre Frank que es quien se encarga de los encargos de Helene y esta se forja poco a poco una gran amistad que se traduce en veinte años de correspondencia y pedidos.

Me ha sorprendido la humanidad de Helene, es una mujer sin grandes recursos, pero conocedora de los racionamientos a los que esta sometida la población inglesa se desprende casi despreocupadamente de aquello que le puede hacer falta para enviarles comida en las fechas claves, Navidad, Pascua, y para verano. Con su gran caridad llamemole así logra ganarse la simpatía y el cariño de todo el personal de la librería que se desvive por satisfacer uno a uno todos sus caprichos, aunque ello no siempre sea posible.

Aunque las cartas que más abunden sean las de Frank y Helene, podemos encontrar también cartas del personal femenino de la librería, cartas que Helene escribe a amigos que están de paso por Inglaterra, cartas de amigos de Helene comentándole las reacciones del personal de la librería en saber que eran amigos de ella, cartas de la mujer de Frank y en el último momento de luna de las hijas.

Helene es una enamorada de Inglaterra y sueña con algún día pisar suelo británico y recorrer todo los enclaves que la literatura le ha enseñado, sin embargo siempre hay algo que le hace posponer el viaje y en la librería se quedan esperando año tras año… Sin embargo gracias a los ojos de amigos que si logran ir nos encontramos una descripción detallada de Marks & Co.

Tienen fuera unos expositores, y me paré a hojear unas cuantas cosas simplemente para asumir la apariencia de una amante de los libros antes de pasar al interior. Dentro está oscuro: hueles los libros antes de poder verlos, un olor de lo más agradable. No soy capaz de describírtelo, pero es una combinación de moho, polvo y vejez, las paredes revestidas de madera y el suelo entarimado. Hacia el fondo de la tienda, a la izquierda, hay un escritorio con una lámpara de estudio encima. Frente a el estaba sentado un hombre de unos cincuenta años, con nariz a lo Hogarth. Levantó la mirada al entrar yo, y me saludó diciendo: “Buenas tardes. ¿Puedo ayudarla ?”, con marcado acento del Norte. Le respondí que sólo quería curiosear, y me animó a hacerlo.

Hay metros y metros de estantes, inacabables. Llegan hasta el techo y son muy antiguos y de tono agrisado, como roble viejo que ha absorbido tanto polvo al correr de los años que ya a perdido su color originario. Tienen una sección dedicada a grabados, que es una gran mesa alargada en la que se exponen grabados de Cruikshank, de Rackham, de Spy y de otros muchos ilustradores y caricaturistas ingleses que no soy capaz de reconocer porque apenas sé nada de ellos. Hay asimismo algunas revistas ilustradas, antiguas y deliciosas.

Conocemos a los personajes a través de lo que se cuentan en esas misivas, de Frank sabemos a través de su mujer Nora, y lo poco que él le cuenta a Helene, de esta última sabemos a través de la correspondencia que envía a sus amigos, conocemos sus trabajos, sus necesidades económicas, sus gustos literarios, que le provoca emoción y que le enfada… y también a través de la correspondencia que mantienen conocemos a cada uno miembro del personal de la librería jefes incluidos.

Helene es un caso de lo más curioso es una amante de los libros, que sin embargo no duda en deshacerse de ellos si no le convencen, más que una lectora es una relectora y le comenta a Frank el afán que tiene la gente en acumular libros que probablemente sólo lea una vez en la vida.

Cada primavera hago limpieza general de mis libros y me deshago de los que ya no volveré a leer, de la misma manera que me desprendo de las ropas que no pienso ponerme ya más. A todo el mundo le extraña esta forma de proceder. Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible… y saltándose montones des párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una sola palabra de lo que leyeron. Sin embargo se escandalizan de que yo arroje un libro a la basura o lo regale. Según entienden ellos la cosa, compras un libro, lo lees, lo colocas en la estantería y jamás vuelves a abrirlo en toda tu vida, ¡PERO NUNCA LO TIRAS! ¡JAMÁS DE LOS JAMASES SI ESTA ENCUADERNADO EN TAPA DURA! Pero … ¿Porqué no? Personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso un libro mediocre.

Me ha gustado darme cuenta que gira en torno a libros, libreros, autores y amantes de la lectura, es un libro que contiene libros, por conocerlo de pasada me marcado la mención al Tristam Sandy y como no las obras de Jane Austen, también tengo que reconocer que no conozco a todos los autores ingleses que menciona, ni sus obras… no soy una enamorada de la literatura anglosajona…

Dicen que los buenos perfumes van en envases pequeños, parece ser que la buena literatura también se contiene en este tipo de formato, breve pero intenso y que perdura en la mente como una buena esencia lo hará en la piel o en el ambiente.

Me ha conmocionado el Post scriptum, en el que se nos relata la vida posterior de la autora, aquella que no podemos adivinar por la correspondencia porque esta tiene un final, le llegó el éxito de forma inesperada con esta obra y terminó casi en la indigencia con ochenta años… una vida muy intensa y vivida, para mi el sueño de cualquier persona.

Vale la pena acercarse a sus paginas, al ser género epistolar es una lectura muy dinámica, el sentido del humor de Helene también le confiere agilidad y te lleva a leer una carta tras otra sin casi descanso, ideal para una tarde fría acompañada de un café, té, o chocolate caliente según preferencias y una mantita, se lee bien del tirón y seguro que los personajes perdurarán mucho tiempo en la memoria. Este es uno de los libros que he ido posponiendo durante años y al final conseguir leerlo ha sido para mí como un premio, las expectativas eran altas y el riesgo asumido elevado, sin embargo lo he disfrutado muchisimo y ha cumplido con creces.

Via: de tinta en vena: 84, Charing Cross Road. Helene Hanff

AUGUSTO ROA BASTOS – CUENTOS COMPLETOS

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CUENTOS COMPLETOS – TOMO II
Cuentos de
AUGUSTO ROA BASTOS
Prólogo: ANTONIO CARMONA
Edición Homenaje a los 90 años de su nacimiento el 13 de junio de 1917
Fundación Augusto Roa Bastos
Diario Última Hora,
Editorial Servilibro, Tel.: 595 21 444.770
Editorial El País, Asunción 2007

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ÍNDICE DE CUENTOS:
GALOPA EN DOS TIEMPOS // EL KARAGUA // PIRULI // ESOS ROSTROS OSCUROS // LA ROGATIVA // LA GRAN SOLUCIÓN // EL PRISIONERO // LA TUMBA VIVA // EL TRUENO ENTRE LAS HOJAS
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TODOS LOS CUENTOS, EL CUENTO
PRÓLOGO
El TRUENO ENTRE LAS HOJAS comienza con el cuento Carpincheros: “La primera noche que Margaret vio a los carpincheros fue la noche de San Juan.
“Por el río bajaban flotando llameantes islotes. Las fogatas brotaban del agua misma. A través de ellas aparecieron los carpincheros.”
La niña rubia “gringa” “exiliada” del exterior al mágico mundo del entorno del ingenio azucarero, en el monte, al borde del río. Es el mismo Roa, como él reconoció, el niño gringo que viene de Asunción a la selva, de la civilización al mundo salvaje.
El conjunto de cuentos se cierra con el que da nombre al volumen, casi en el mismo escenario, los mismos protagonistas: el río que pasa frente al ingenio, los carpincheros y Margaret, desaparecida en el primer cuento tras huir con los carpincheros, sólo que ya no es una niña:
“…al borde del camino de agua que era el camino de ella. Su oído aprendió a distinguir el paso de los carpincheros y a ubicar el cachiveo negro en el que la muchacha del río bogaba mirando hacia el rancho del pasero.
“Ella. Yasý-Mörötí.”
“La luna blanca amada que de mí te alejas/ Con ojos distantes.”, “sus cabellos parecían bañados de luna, como el azúcar.”
No es casual que el libro comience y termine con una misma historia que atraviesa los otros quince cuentos, con el temario que marcará la obra de Roa: el río, los indios libres que navegan en contraste con los que están presos en el ingenio azucarero, la Guerra del Chaco, las guerras civiles, las magias del monte y sus augurios agoreros, las fugas, los prisioneros, los exiliados del exterior y del interior, los perseguidos y los perseguidores; el choque de los dos Paraguays que se encuentran y desencuentran a lo largo de la historia, el choque de las dos lenguas en que hablan los dos países, mestizándose mutuamente.
En su primer cuento, Lucha hasta el alba, ya están el Dr. Francia y el destino, la represión y los cuchillos, pero no es casual que no lo haya incluido en El trueno…, porque ahí crea su paisaje, su aldea, su pueblo mágico y terriblemente real, su Manorá que va a perdurar en toda su obra.
Como William Faulkner su Yoknapatawpha, como después o casi en simultáneo, Gabriel García Márquez su Macondo, Roa crea el mundo de su narrativa, el tema que nos decía Roland Barthes es el único que tiene un gran escritor y sobre el que desarrolla sus variaciones. La pequeña aldea sufriente que crece en la narrativa hasta proyectarse y existir en el universo.
Si bien El trueno … es un libro de cuentos, legible cada uno como un todo, Roa nos pone la clave del final y del principio del libro con dos historias que parecen diferentes, pero que son la misma, principio y fin, atravesando muchas otras historias que son parte de su propia historia, una biografía tan auténtica como fingida en la ficción, en la que hay retazos tan reconocibles en las entrevistas en las que cuenta sus recuerdos, como en El Señor Obispo, el tío con el que se educó y que marcó su óptica de predecesor de la Iglesia de los Pueblos, del Hijo de Hombre nacido en el monte, de una mítica y una literatura comprometida con el sufrimiento y la rebelión.
Es casi la misma estructura que se convierte en novela, en un relato grande. En Hijo de Hombre, en el que ya campea la novela, pero también conjunto de relatos, de historias distintas, pero que se entrecruzan y se desvían para volver a encontrarse, como en un laberinto de selvas y de ríos que atrapa a todos los protagonistas, condenándolos a vivir la misma historia, aunque sean muchas historias, solidarios o enemigos en los distintos recodos de los caminos que confluyen y se bifurcan.
Leyendo bien El Trueno… es casi una novela, conjunto de historias recurrentes más o menos hilvanadas en una, coro de muchas voces pero que hablan casi de un mismo tema, variaciones de la lucha de un pueblo cuyos protagonistas son héroes cuando se encuentran en una guerra de todos, como criminales y víctimas de tantas otras guerras internas y mezquinas. Como leyendo bien Hijo de Hombre es una novela compuesta de muchos cuentos, es el gran cuento de muchos narradores
Es una historia y muchas, porque nos narra el Paraguay profundo, con todas las superficies que lo encubren, cuando se despierta y cuando lo reprimen, con las voces de los reprimidos y de los represores.
Es lo que Roa estaba escribiendo como una sola obra, El libro de los Pueblos, de los pueblos que habitamos el Paraguay y Paraquaria, la gran provincia del Plata, la República de los Guaraníes, la república guaraní mestizada.
Cuenta todas las historias con todas las voces, parafraseando a Julio Cortazar, todos los cuentos, El Cuento.

Related: Libros Texto
Via: LETRAS PARAGUAYAS – POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO: AUGUSTO ROA BASTOS – CUENTOS COMPLETOS – TOMO II – Prólogo ANTONIO CARMONA (Texto del cuento: PIRULI) / Editorial El País, Editorial Servilibro, 2007

¿Cómo leo un libro?

¿Cómo leo un libro?

No los leo todos de la misma manera. Cuando era más joven, muchísimo más joven, cuando leía lo que me aconsejaba molimadre, me adentraba en la lectura con la convicción de que aquello no podía salir mal. Molimadre había leído ese libro antes y le había gustado, no había más que pensar, me lanzaba a leer compulsivamente, lo devoraba y volvía a por otra ración de lectura. Lo mismo me pasaba con lo que me prestaba molitia, tampoco había dudas. Iba a su casa, arramplaba con una pila de libracos y me marchaba tan ufana a devorar todo lo que me esperaba allí.

Pasados los años, agotadas las existencias lectoras de mis familiares más directos y comprobado que dado mi ritmo de lectura era imposible que ellos consiguieran saciar mi voracidad lectora, me lancé al mundo de comprar mis propios libros o sacarlos de la biblioteca.

Esto era nuevo.

Era leer sin red.

Era lanzarse al vacío de la lectura basándome en que el libro me hubiera “llamado”.

Era el vértigo de ¿ qué habrá ahí?

No era ni metódica, ni lógica en mis compras. Compraba colecciones de libros de esas que venían con los periódicos y si daba con un autor que me gustara (a pesar de lo horrendas que son esas ediciones, todavía no había llegado a ese nivel de exquisitez lectora que te hace darte cuenta de lo horrible de la traducción o lo descuidado de la edición) me lanzaba a leer todo lo que encontraba de ese autor…hasta que me tropezaba con algo que no me gustaba y entonces lo aparcaba. Por aquel entonces, no dudaba de la excelencia escritora de nadie…siempre pensaba que no había sido el momento para esa lectura en concreto o que yo no estaba al nivel de comprensión, inteligencia, sensibilidad o lo que fuera para esa obra. En aquella época descubrí a Vargas Llosa a partir de su maravillosa “Conversación en la catedral”, , a Patricia Highsmith y su Ripley, a Henry Miller con “Trópico de cáncer”, a Gerald Durrell y a su hermano Lawrence. Con éste último me pasó una cosa curiosa, sudé tinta china para terminar “EL cuarteto de Alejandría”…recuerdo la sensación de pensar…mierda…esto mola pero no soy capaz, me estoy perdiendo y seguir y seguir para terminarlo y quedarme con la inquietud de no haberlo leído bien. Después de eso, en un viaje a Granada, paseaba por allí y en una feria del libro de ocasión, descubrí un libro que era la correspondencia de Durrell con Henry Miller durante 40 años…la compré con la intención de intentar entender a Durrell…y me encontré con un hombre cercano, sensible, con manías y movidas como todos pero perfectamente accesible en su correspondencia con otro raruno con Miller. Tengo ese libro por uno de mis mejores tesoros.

Cuando esas lecturas sin red salían bien..cuando sabía que había encontrado un filón, era feliz. Mola tanto.

En aquella poca iba tirando del hilo que los libros me ofrecían…si Miller hablaba de Anais Nín pues allí me lanzaba…si Muñoz Molina mencionaba a Chandler pues a por él..y así iba encadenando lecturas.

Ahora sigo haciendo lo mismo: tiro del hilo, me fío de la llamada de un libro, leo críticas con mucha prevención y escucho recomendaciones de distintas personas.

Cuando el libro lo he elegido yo, me zambullo en su lectura con curiosidad y con un pelín de miedo, ¿Habré elegido bien? ¿Encontraré lo que sea que buscaba? ¿Me gustará? ¿Me hará pensar? Nunca hay una apuesta segura, ahora ya lo sé, un autor que te encanta puede patinar en lo siguiente que leas sobre él…o un libro en el que has puesto muchas esperanzas puede desencantarte y hay que reconocer el error y la derrota. Esta vez tu instinto te falló.

Si el libro me lo ha regalado o recomendado alguien que me conoce y que me aprecia, me enfrento a él de manera distinta. ¿Por qué esa persona ha pensando en ese libro para mí? Supongo que esta manera de enfocar esas lecturas se debe a que yo cuando regalo o recomiendo libros concretos a alguien en particular lo hago pensando en esa persona, en lo que le gusta y no le gusta, en cuanto lee, en cómo lee…en mil variables. Por ejemplo, hay libros que recomiendo a pobrehermano y sin embargo jamás se lo daría a leer al ingeniero…En el blog recomiendo en genérico porque no conozco a toda la gente que me lee…pero sí que pienso en algunos lectores/conocidos en concreto para determinados libros.

A lo que iba, cuando alguien me recomienda/regala un libro y por fin lo ataco lo hago con la expectación de saber lo que me deparará el libro y la expectación de entender porqué esa persona me ha recomendado ese libro. ¿Qué espera que encuentre? ¿Estaré a la altura? ¿Veré lo mismo que esa persona vio en ese libro para pensar en mi e incitarme a su lectura? No sé si me explico, pero a la inquietud por saber que me espera entre las páginas del libro se suma la inquietud por saber si mi actitud como lectora será la adecuada…si llegaré a ser esa “lectora” que el recomendador tenía en su cabeza cuando pensó en mi.

Cuando los resultados son buenos, es decir, cuando el libro me deja en shock y sé que como lectora lo he hecho lo mejor posible, he dado lo mejor de mí, la sensación es fabulosa…No quiero repetirme, pero en fin…La caja Negra es un ejemplo de esto….me flipó y me sentí feliz de pensar que mi amiga M. había pensando que era una lectora para esa novela.

Cuando los resultados son malos, es decir el libro me horroriza, pueden pasar dos cosas. Que me horrorice porque el libro sea una puta mierda y entonces piense que una de dos o la gente me regala sin pensar en mí o lo qué es peor ¿Qué imagen tienen de mí para regalarme esta mierda o ésta o ésta? Como varias de esas horribles lecturas han sido regalos de gente que me consta que me quiere, les supongo un momento de ofuscación mental y me los leo esperando por lo menos sacar un despelleje digno.

Cuando el libro no me horroriza pero leyéndolo me siento como si fuera con una desbrozadora y tuviera que ir abriéndome paso entre maleza, voy avanzando poco a poco, muy poco a poco…y notando que he de esforzarme por llegar a lo que el libro quiere contarme, me entra el pánico escénico. ¿No estaré a la altura? ¿Me estoy perdiendo algo? ¿La persona que me lo ha recomendado tiene una imagen mía como lectora que no es real? ¿Estaré a la altura de esa imagen? Normalmente, persisto en la lectura, sigo avanzando, poco a poco y esperando que al final encontraré la doble recompensa de lo que el libro quiera darme y de haberme superado como lectora.

Ahora mismo ando ahí..con la desbrozadora…pero ya oteo el final.

PS: No sé si he conseguido sonar mínimamente coherente con toda esta cháchara, pero todas estas ideas han venido a mi mente mientras nadaba hoy…y tenía que sacarlas.
PS (II): Dejo para otro día las elucubraciones sobre recomendar libros.
PS(III): Sobre cómo leo fisicamente escribí aquí.

Via: Cosas que (me) pasan: CÓMO LEO.


La expedición de Ursúa

Ya saben que siento predilección por los libros del Reino de Redonda, la editorial de Javier Marías, uno de los escritores que más admiro. Y es que todos los libros que editan tienen una encuadernación bien cuidada y esmerada, con un diseño común entre todas, tanto en el formato como en la presentación y en la portada, que invitan al coleccionismo. Además poseen unas páginas en las que es un verdadero placer leer, y por si todo lo anterior no fuese aún suficiente para inclinar la elección, queda lo más importante y es que los prólogos son de grandísimas y acertadas plumas, las traducciones y su notas brillantes y adecuadas, pero lo mejor es que suelen ser libros sobresalientes, difíciles de encontrar, en algunos de los casos inexistentes anteriormente.

El último título redondino: La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre por Robert Southey. Un libro de historia puro y duro. En el que se narra la monstruosa y bárbara aventura que comenzó como una expedición capitaneada por Ursúa hacia el interior de aquella virginal selva amazónica en busca del sueño de El Dorado, y que acabó teniendo un trágico y sanguinario desenlace, sembrando el pánico por donde pasó aquel excesivo y canalla conquistador asesino que fue Lope de Aguirre.

Una historia sobrecogedora.

Via: Un Pimiento: La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre – Robert Southey

El silencio de Camilo

El silencio de Camilo, de María Jesús Jabato, con ilustraciones de Laura Esteban y editado por Autismo Burgos.

María Jesús Jabato es poeta. No sólo porque rima versos, sobre todo porque de las cosas tristes, no hace nada feo y hace ver la belleza que te rodea donde tú casi no la ves. Eso es ser poeta

Camilo es un niño. Un niño silencioso. Toda su familia busca el motivo de este silencio que no se encuentra en los celos por un hermano pequeño, ni en la ausencia de una mascota, ni en las palabras o en la enfermedad… es un silencio profundo que hace a Camilo diferente.

María Jesús ya nos advierte en la primera página del libro que hay que saber que las personas autistas son diferentes: tienen severas dificultades de desarrollo y comunicación, su conducta presenta alteraciones en relación con los demás, en la comunicación y en la imaginación y que estos trastornos, afectan a una de cada ciento sesenta y seis personas.

Camilo vivía en una ciudad tan pequeña que casi no cabía en ella su catedral.

La recorría un río de plata y una luna tímida y blanquísima vigilaba su sueño.

Desde su ventana, Camilo tocaba nubes de azúcar y algodón, y por las noches cogía estrellas y las guardaba en una caja de cristal.

María Jesús nos comenta que El silencio de Camilo tiene una finalidad: dar a conocer de forma sencilla los comportamientos de las personas con autismo para facilitar su integración social. Es la historia de los durísimos silencios que viven los autistas y el peregrinar de sus familias contada también casi en silencio, con apenas 600 palabras.

El texto además, viene escrito en inglés y en francés.

Hoy, 3 de diciembre, se celebra el Día Internacional de los Discapacitados.

Desde Naciones Unidas, se plantea que el objetivo está en ayudar a entender las cuestiones relacionadas con la discapacidad, los derechos de las personas con discapacidad y los beneficios que se derivarían de la integración de estas personas en todos y cada uno de los aspectos de la vida política, social, económica y cultural de sus comunidades.

El tema para el año 2010 es ”Mantener la promesa: incorporación de la discapacidad en los objetivos de desarrollo del Milenio hacia 2015 y más allá“.

Fuente: El silencio de Camilo. María Jesús Jabato « Biblioabrazo

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